José Antonio Fraga Castro: el sobrino de los Castro que cayó por dos perfumes

Frascos de los perfumes «Ernesto» y «Hugo» de LABIOFAM presentados en La Habana en 2014

Eran dos frascos pequeños, de etiqueta blanca y aspecto casi artesanal. Uno decía «Ernesto»; el otro, «Hugo». Dentro solo había colonia, y ninguno de los dos llegó nunca a una tienda. Sin embargo, aquellos envases acabaron asociados a una de las caídas más extrañas que ha vivido la familia Castro: la de José Antonio Fraga Castro, sobrino de Fidel y de Raúl, que durante 17 años presidió LABIOFAM y que en apenas diez semanas, en el otoño de 2014, pasó de la cima de la empresa a una jubilación que nadie explicó en público.

La versión oficial nunca existió. La extraoficial apunta a los perfumes. Pero la cronología de aquellos meses, reconstruida a partir de la prensa de la época, deja una pregunta abierta: ¿fueron las fragancias la causa de su salida o el pretexto perfecto para ejecutarla?

Quién era José Antonio Fraga Castro en LABIOFAM

Hijo de Ángela Castro, hermana de Fidel y de Raúl, Fraga dirigía una de las empresas estatales más poderosas y autónomas de Cuba. Según sus propias palabras, LABIOFAM llevaba 18 años sin recibir financiamiento del Estado, se sostenía con sus exportaciones, entregaba algo más del 40% de sus ingresos y se quedaba con el resto para operar. Tenía especialistas dedicados al control de epidemias en países como Angola, Ecuador, Ghana o Vietnam, y levantaba fábricas biotecnológicas en Tanzania, Ecuador, Bolivia y Etiopía.

A eso se sumaba un apellido que abría puertas. En septiembre de 2014, cuando el Palacio de Convenciones de La Habana acogió del 22 al 25 el III Congreso Internacional de LABIOFAM, Fraga presidía el comité organizador y la prensa oficial lo presentaba como director general del grupo. No era un hombre en desgracia: estaba al frente del gran escaparate de su empresa.

«Ernesto» y «Hugo»: los perfumes que no eran un rumor

Entre los productos exhibidos aquellos días figuraba una línea de fragancias. Dos de ellas atrajeron a la prensa extranjera. «Ernesto», en honor al Che Guevara, era según la descripción recogida por Associated Press un aroma cítrico y amaderado con un toque de talco. «Hugo», dedicada a Hugo Chávez, fallecido el año anterior, tenía notas más suaves y frutales, de mango y papaya. La empresa trabajaba además en dos perfumes femeninos: «Amalia» y «Alba», nombre que coincide con el de la alianza regional fundada por Chávez.

El 24 de septiembre un fotógrafo de AP retrató los frascos y al día siguiente la noticia dio la vuelta al mundo. Conviene subrayarlo, porque con los años se ha repetido lo contrario: los perfumes existieron. Hubo fotos, declaraciones y nombres propios.

La vicepresidenta de Investigación y Desarrollo de LABIOFAM, Isbel González, explicó que se preparaban envases y etiquetas más atractivos para vender las colonias en Cuba y en el extranjero. El bioquímico al frente del equipo, Mario Valdés, contó que llevaban más de año y medio trabajando en las fórmulas junto a la firma francesa Robertet. No era una ocurrencia improvisada, sino un proyecto con tiempo, equipo y socio extranjero.

Valdés añadió una frase que lo cambió todo: aseguró que las familias del Che y de Chávez habían sido consultadas y habían aprobado el uso de los nombres.

«Los símbolos son sagrados»: la reacción del Gobierno

Las burlas se multiplicaron en las redes, dentro y fuera de la isla. El rostro del guerrillero que preside la Plaza de la Revolución aparecía convertido en marca de colonia, y a pocos días del 9 de octubre, aniversario de la muerte del Che.

La respuesta llegó con una rapidez poco habitual en Cuba. La noche del viernes 26 de septiembre, un día después de la publicación, el asunto se analizó en una reunión con el director de la empresa —es decir, Fraga— y con los funcionarios que habían presentado el producto. Al día siguiente, Granma publicó una nota firmada por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros bajo un título inequívoco: «Los símbolos son sagrados».

El texto calificaba lo ocurrido de acción irresponsable, aclaraba que los productos estaban en desarrollo, que no se habían fabricado para la venta ni registrado con esos nombres, negaba que las familias hubieran dado su autorización y advertía: «Por este grave error serán tomadas las medidas disciplinarias que correspondan». La agencia AP recogió entonces que los creadores de las colonias se enfrentarían a sanciones.

Una frase de aquella nota resulta clave. El Gobierno señalaba como lo más preocupante la falta de sentido común de las personas que dirigen esa empresa. No apuntaba al investigador que propuso los nombres ni al bioquímico que habló de más, sino a la dirección. Y en la cúspide había un solo hombre. Que el núcleo del Gobierno, encabezado entonces por Raúl Castro, reprendiera en el periódico oficial a la empresa de su sobrino no era un gesto menor: era un mensaje.

Tres líneas rojas

La dureza no se explicaba por el perfume en sí, sino por tres problemas superpuestos:

  • La mercantilización de los símbolos. Dos figuras que el sistema trata como reliquias se convertían en producto. Con cierta hipocresía, eso sí: la imagen del Che llevaba tiempo vendiéndose en pulóveres, llaveros o platos en tiendas como las de ARTEX.
  • La falta de autorización. La idea se había mostrado a la prensa internacional sin el visto bueno de las instancias superiores.
  • El nombre de las familias. Un funcionario había hablado en su nombre sin su permiso, algo intolerable para un poder que vive de controlar cada imagen y cada palabra.

Una disculpa que culpaba a la prensa

El martes 30 de septiembre, Fraga firmó en nombre de LABIOFAM dos cartas de disculpa, dirigidas a los familiares de Chávez y a los del Che. Según su explicación, la idea de los nombres había partido de un investigador «motivado por sus sentimientos revolucionarios»; todo estaba en fase de investigación, los envases eran provisionales y nada se había registrado ni vendido.

Pero la carta iba más allá: acusaba a la corresponsal de AP de malintencionada, de tergiversar la presentación y de montar un espectáculo mediático al servicio de la campaña de desinformación contra Cuba. La contradicción estaba en el propio texto, que reconocía que Mario Valdés había admitido su «error injustificable» al afirmar que las familias habían sido consultadas. Si la frase polémica salió de boca de un investigador de la casa, difícilmente podía ser un invento de la periodista.

Dos meses de silencio y una entrevista desafiante

Con la nota de Granma y las cartas, el caso parecía cerrado y las sanciones, inminentes. No llegaron. Pasó octubre, pasó casi todo noviembre, y Fraga seguía en su despacho. Algunos lectores de la prensa cubana comentaban con sorna que tanto anuncio de medidas había quedado en nada.

El 28 de noviembre, el periodista Fernando Ravsberg publicó en OnCuba una larga entrevista con el presidente de LABIOFAM. Fraga no hablaba como un hombre acorralado. Afirmaba que lo que más daña a la empresa estatal es la burocracia, admitía que a LABIOFAM la habían tachado de osada por decidir al margen de lo establecido y defendía que, siendo respetuosos, no dejaban de tomar decisiones cuando había que tomarlas.

Preguntado por lo que pediría a quienes diseñan la política económica, respondió que solo una cosa: que los dejaran seguir trabajando como hasta entonces. Y se quejó de las preocupaciones que despertaban las inversiones en el extranjero, porque, a su juicio, quien no corre riesgos no logra nada. Hablaba de terminar la fábrica de Tanzania a comienzos de 2015 y de sustituir en tres años buena parte de los fertilizantes químicos de Cuba.

Un detalle casi novelesco: un lector que decía haber trabajado en LABIOFAM reprochó al periodista no haber preguntado por los perfumes. Ravsberg respondió que de las fragancias ya se había hablado bastante y que le parecía injusto que una empresa con vacunas, biofertilizantes y fábricas en África se conociera solo por ellas.

La entrevista no prueba un enfrentamiento con Raúl Castro ni una venganza política. Lo que sí muestra es que, a finales de noviembre de 2014, Fraga no se comportaba como alguien a punto de retirarse. Diez días después, ya no estaba en la empresa.

La caída de un intocable: jubilarse antes de ser sancionado

El 8 de diciembre de 2014, 14ymedio publicó «La caída de un intocable». Según trabajadores citados por el diario, el jueves anterior se había celebrado una reunión de directivos con un punto en el orden del día impensable un año antes: la aplicación de una sanción al presidente por su participación en las decisiones sobre la confección y posible venta de «Ernesto» y «Hugo».

Para evitar una sanción administrativa y laboral que manchara su expediente, Fraga optó por acogerse a la jubilación. La noticia se comunicó a los trabajadores el sábado siguiente, en un ambiente que el medio describió como opresivo, con la prohibición expresa de comentar el asunto fuera. En videos que circularon sobre aquella despedida se aprecia que los empleados no querían verlo marchar: esperaron de noche a que terminara la reunión en la que fue sustituido. Según testigos, los dirigentes que llegaron a reemplazarlo se escabulleron para no dar la cara.

Técnicamente, no lo destituyeron: se jubiló. Pero lo hizo justo antes del castigo, que es la manera cubana de caer sin que nadie tenga que decirlo en voz alta.

La prensa oficial guardó silencio. El 15 de diciembre, 14ymedio subrayaba que los medios estatales aún no habían informado de la salida. El mismo Gobierno que había reaccionado en dos días en septiembre callaba ahora sobre el desenlace. Trascendió además que Fraga había sido hospitalizado, quizá por una linfangitis; versiones posteriores mencionaron un problema cardiovascular que nunca se confirmó y que debe tratarse como rumor.

La secuencia completa

Fecha (2014)Hecho
22-25 de septiembreIII Congreso Internacional de LABIOFAM, presidido por Fraga
25 de septiembreAP difunde la noticia de los perfumes «Ernesto» y «Hugo»
26 de septiembreReunión con el director; el Gobierno promete medidas disciplinarias
27 de septiembreGranma publica «Los símbolos son sagrados»
30 de septiembreFraga firma las disculpas y acusa a la prensa extranjera
28 de noviembreEntrevista en OnCuba defendiendo la autonomía de la empresa
Principios de diciembreSe prepara su sanción y se acoge a la jubilación

Es una cadena demasiado compacta como para seguir calificando de rumor la relación entre los perfumes y su caída. La duda verdadera es otra.

¿Causa o pretexto? La tesis de «La batalla de LABIOFAM»

Una semana después de la primera noticia, Reinaldo Escobar publicó en 14ymedio «La batalla de Labiofam», un texto mucho más ambicioso. Su metáfora: los perfumes eran solo los nenúfares que flotan sobre el pantano. Lo de debajo era más turbio.

Según ese artículo, LABIOFAM había cumplido menos del 60% de sus planes de exportación desde 2010, un dato que no consta en cifras oficiales y que debe leerse como la versión de ese medio. Escobar describía a un Fraga que dirigía la empresa como un feudo, con un estilo voluntarista e improvisador heredado, según él, de su tío preferido, Fidel. Le atribuía haber intervenido los laboratorios Cubavet para sustituir a buena parte de sus dirigentes, proyectar planes caprichosos sin base real, reunirse con ministros extranjeros saltándose el protocolo y destinar fondos a crear condiciones especiales de trabajo, hasta que el otro tío, Raúl, lo frenó.

El mismo texto detallaba la ejecución. La comisión que analizó el caso estaría presidida por José Ramón Machado Ventura, entonces número dos del Partido Comunista. Ante los trabajadores dio la cara el ministro de la Agricultura, que presentó como nuevo director a Alfred Crespo Dorta, procedente de la Unión de Empresas Porcinas de Sancti Spíritus: del sector porcino al imperio biotecnológico. El número dos, Norge Jiménez Torres, fue reemplazado por Yosvani Gutiérrez Ravelo, que llegaba de un instituto veterinario de Pinar del Río.

Una protesta insólita

Siempre según ese relato, buena parte del consejo de dirección, del núcleo del Partido y de los trabajadores expresó su desacuerdo, envió una carta a todas las instancias y llegó a colgar un cartel de protesta en la ventana de una de las unidades. Ninguna fuente oficial lo ha confirmado, aunque opiniones de usuarios del canal Secretos de Cuba coinciden con ese malestar.

Escobar lo interpretaba como miedo a perder los privilegios que el «príncipe destronado» conseguía para su corte. Otros trabajadores, en cambio, hablaban de su calidad humana como razón del afecto.

El periodista iba más lejos: sostenía que una decisión así solo podía salir del despacho de Raúl Castro, que Fidel no estaba contento con la caída y que en otra ocasión ya había intervenido para salvar al sobrino, después de que su hermana Ángela se lo pidiera en persona. Ángela Castro murió en 2012. Si la historia es cierta, en 2014 ya no quedaba nadie que pidiera clemencia. Pero nada prueba que Raúl diera la orden ni que Fidel lo hubiera protegido antes: son versiones de un medio independiente basadas en fuentes internas. Verosímiles, sí; probadas, no.

Las acusaciones posteriores: Tender, Vesco y los Papeles de Panamá

Años después, Sergio Osmín Fernández Palacios, que fue asesor jurídico de LABIOFAM, lanzó en declaraciones publicadas por CiberCuba acusaciones graves sobre la etapa de Fraga: sociedades en el extranjero, negocios con el empresario rumano Ovidiu Tender y relaciones anteriores con el prófugo estadounidense Robert Vesco. Según él, a Fraga no se le castigó por nada de eso: se le aplicó el procedimiento administrativo de «Renovación», el que se usa para relevar cuadros, sin explicación oficial. A ello se suma que, cuando en 2016 salieron a la luz los Papeles de Panamá, El Nuevo Herald reveló que LABIOFAM tenía acciones en una sociedad gestionada por el bufete Mossack Fonseca.

Hay, sin embargo, un problema de fechas. El propio Fernández Palacios afirma que empezó a trabajar en LABIOFAM a principios de diciembre de 2014, justo cuando Fraga salía, y que lo que denunció lo descubrió después. Sus acusaciones, sean ciertas o no, no explican la caída. Como mucho, ofrecen una pista sobre qué tipo de empresa era LABIOFAM por dentro.

Lo que nadie dijo: del tío caído al sobrino viceprimer ministro

La lectura más razonable es que a un sobrino de los Castro con 17 años al frente de una empresa así no se le tumba por dos colonias, pero dos colonias pueden ser la ocasión perfecta para tumbarlo sin explicar nada más. Los perfumes ofrecieron al poder una razón pública, simbólica e indiscutible: nadie en Cuba iba a defender en voz alta a quien había convertido al Che en una fragancia. Lo que quizá era un ajuste de cuentas por otros motivos se resolvió con una jubilación, sin juicio, sin auditoría pública y sin una línea en la prensa oficial.

No es la única salida de la élite cubana resuelta sin una palabra pública; el archivo recoge otras, como la caída sin explicaciones de Antonio Becali o el ascenso, caída y silencio de Felipe Pérez Roque.

Que se sepa, José Antonio Fraga Castro nunca fue juzgado ni hubo explicación oficial de su salida. Desapareció de la escena pública. Su familia, no. En octubre de 2025, el ministro de Comercio Exterior, Óscar Pérez-Oliva Fraga, fue nombrado viceprimer ministro. Es hijo de Mirsa Fraga Castro, nieto de Ángela Castro y, por tanto, sobrino de José Antonio. Como señaló 14ymedio, los medios oficiales anunciaron su ascenso sin mencionar el parentesco.

El tío cayó en silencio y el sobrino subió en silencio. En ambos casos, lo decisivo fue lo que no se dijo. Y la pregunta incómoda sigue en el aire: si el director de LABIOFAM no se hubiera apellidado Castro, ¿habría terminado simplemente jubilado?

Para entender el resto del árbol familiar, puede leerse también la historia de Ramón Castro Ruz, el hermano mayor de Fidel.

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