Jorge Masetti, el Comandante Segundo del Che que desapareció en la selva de Salta

Jorge Ricardo Masetti, periodista argentino y fundador de Prensa Latina

Jorge Ricardo Masetti entró en la selva de Orán, en el norte de Argentina, en 1963 y nunca salió de ella. Desde abril de 1964 no hay cadáver, ni tumba, ni parte oficial que diga dónde murió. Es una ausencia extraña para alguien que había estado tan cerca del poder revolucionario cubano: entrevistó a Fidel Castro y al Che Guevara en la Sierra Maestra cuando nadie sabía si aquellos barbudos iban a ganar, y fundó la agencia de noticias que todavía hoy habla en nombre del Gobierno de La Habana.

Su historia tiene tres partes. La de un periodista convertido en comandante guerrillero por encargo del Che. La de lo que ocurrió dentro de aquella guerrilla, tan grave que cuarenta años después aún provocaba confesiones públicas. Y la de su hijo, que creció dentro del aparato secreto cubano y vio cómo la Revolución fusilaba a su suegro en 1989.

Del micrófono en la Sierra Maestra a Prensa Latina

Masetti nació el 31 de mayo de 1929 en Avellaneda, junto a Buenos Aires, según recoge su biografía en Wikipedia. En 1958 trabajaba como reportero de Radio El Mundo y tenía una obsesión: llegar a la Sierra Maestra. Lo logró. Fue el único periodista argentino que cubrió desde dentro la guerrilla del 26 de Julio, y regresó con entrevistas a Fidel y al Che que también se emitieron por Radio Rebelde.

Con el Che, argentino como él, forjó una amistad muy estrecha. Aquellas crónicas se reunieron en el libro Los que luchan y los que lloran, cuyo prólogo a la edición póstuma las presenta como la mayor hazaña individual del periodismo argentino.

Tras la caída de Batista, el Che le confió un proyecto: una agencia latinoamericana que contara el mundo desde La Habana y no desde Nueva York. Así nació Prensa Latina, el 16 de junio de 1959, con Masetti como primer director. Por su redacción pasaron, entre otros, Gabriel García Márquez y el escritor argentino Rodolfo Walsh.

El proyecto, sin embargo, chocó pronto con la política interna. Según relataron varios de quienes estuvieron allí, Masetti, Walsh y García Márquez se enfrentaron a los viejos comunistas del Partido Socialista Popular, que ganaban peso dentro de la Revolución. Empezaron a ser mal vistos y quedaron relegados. En 1961, decepcionado, Masetti dejó la agencia.

El Comandante Segundo: la guerrilla del Che en Argentina

A partir de ahí su vida dejó de ser la de un periodista. Participó en la defensa de Playa Girón y viajó después a Argelia, donde organizó un grupo de apoyo a los guerrilleros que combatían contra Francia. Aquello era, en la práctica, un entrenamiento. Cuando en 1962 cayó el presidente argentino Arturo Frondizi, el Che consideró que había llegado el momento de abrir un foco guerrillero en su propio país.

El plan replicaba la receta de la Sierra Maestra: un pequeño grupo armado en la selva que, con el tiempo, sumaría a los campesinos y terminaría derribando al gobierno. Para dirigirlo, el elegido fue Masetti. Su nombre de guerra salió de una novela clásica argentina, Don Segundo Sombra: sus hombres lo llamaban Comandante Segundo. El título de Comandante Primero quedaba reservado para el Che, cuando llegara. Según las crónicas del grupo, hasta el nombre en clave del Che venía de la literatura gaucha: Martín Fierro.

En la preparación aparece un nombre que años después tendría enorme peso en Cuba: Abelardo Colomé Ibarra, Furry, futuro ministro del Interior. En 1962 participó en una misión clandestina en Bolivia y Argentina vinculada a Masetti y a sus planes, algo que él mismo reconoció en una entrevista con el periodista Luis Báez.

Treinta jóvenes en la selva de Orán

En 1963 el grupo cruzó desde Bolivia y se instaló en la selva de Orán, en la provincia de Salta, con el nombre de Ejército Guerrillero del Pueblo. Eran unos 30 hombres, casi todos argentinos y muy jóvenes; muchos, estudiantes de ciudad sin ninguna experiencia en el monte.

Los acompañaban oficiales cubanos de máxima confianza. Hermes Peña había sido jefe de la escolta del Che. José María Martínez Tamayo regresó a Cuba a los pocos meses y años después moriría junto al Che en Bolivia. El tercero era Alberto Castellanos.

La guerrilla se descompuso antes de entrar de verdad en combate. El apoyo campesino no llegó. La selva resultó mucho más dura de lo previsto, faltaba comida y las marchas agotaban a hombres que no estaban preparados para ellas. El grupo empezó a quebrarse por dentro, y fue ahí donde ocurrió lo más oscuro de esta historia.

Rotblat y Groswald, fusilados por sus compañeros

Adolfo Rotblat era un estudiante de Buenos Aires de 20 años. Bernardo Groswald tenía 19 y trabajaba como empleado de banco en Córdoba. Los dos enfermaron, se derrumbaron en la selva y pidieron marcharse. Los dos fueron juzgados y fusilados por sus propios compañeros. Según los relatos sobre aquella guerrilla, la orden partió de Masetti.

Durante cuarenta años el episodio apenas se contó en público. En 2004, uno de los supervivientes, Héctor Jouvé, lo relató con nombres y apellidos en una extensa entrevista para la revista cordobesa La Intemperie. En diciembre de ese mismo año, el filósofo Óscar del Barco, que en los sesenta había apoyado la guerrilla desde la ciudad, publicó una carta titulada «No matarás».

En ella se declaraba responsable de aquellas dos muertes por haber respaldado la lucha armada, y pedía a otros referentes de la izquierda que hicieran lo mismo. La carta sacudió al mundo intelectual argentino y abrió un debate que se prolongó durante años. Del Barco mantuvo esa postura: en 2014, como recuerda el diario ABC Color en su repaso a los 60 años del fin del EGP, rechazó el Premio Konex y volvió a decir públicamente que en 1964 había aceptado aquellas dos muertes. Murió en junio de 2024.

Abril de 1964: el final del Ejército Guerrillero del Pueblo

En marzo de 1964, la Gendarmería argentina localizó uno de los campamentos y detuvo a varios guerrilleros. Entre ellos estaba el cubano Alberto Castellanos, que resistió todo el cautiverio haciéndose pasar por un peruano llamado Raúl Dávila. Permaneció en una cárcel argentina hasta 1968 sin que nadie descubriera su verdadera identidad. Ya en Cuba, llegó a general.

El 18 de abril, la Gendarmería alcanzó a lo que quedaba del grupo. En el enfrentamiento murió Hermes Peña. Otros se rindieron o fueron capturados en los días siguientes, tras semanas de hambre.

Uno de los capturados, Héctor Jouvé, conservó la última imagen de su jefe. Masetti y otro guerrillero, Atilio Altamira, estaban tan débiles que apenas podían moverse, tendidos en hamacas improvisadas a orillas del Río de las Piedras. Masetti le dio una última orden: que bajaran ellos. Jouvé recordaba hasta el paisaje —una gran roca en medio del río, un arroyo justo enfrente— y estaba convencido de que su jefe murió allí mismo. También relató la muerte de otro compañero, Antonio Paul, que cayó por un barranco de unos 35 o 40 metros.

Ahí se pierde el rastro. Se toma el 21 de abril de 1964 como fecha de la desaparición de Masetti y del fin del Ejército Guerrillero del Pueblo. Rodolfo Walsh, su antiguo compañero en Prensa Latina, lo despidió con una frase muchas veces citada: Masetti se había disuelto en la selva, en la lluvia, en el tiempo.

La búsqueda de los restos de Masetti

La historia de los huesos continuó décadas después. En julio de 2005, un equipo de antropólogos argentinos y cubanos encontró los restos de Hermes Peña, enterrado como desconocido en el cementerio de Orán. A raíz de ese hallazgo, y a petición del Gobierno cubano, entre 2006 y 2007 un antropólogo forense, guardaparques y gendarmes argentinos remontaron el Río de las Piedras en cuatro expediciones, que Infobae reconstruyó en detalle.

Caminaron días río arriba, entraron en helicóptero, usaron detectores de metales y llegaron a dejarse guiar por un hombre que aseguraba haber visto a dos moribundos en aquella orilla en 1964. No encontraron nada.

Las versiones se multiplicaron. Un informe recogía el testimonio de un poblador que hablaba de dos cadáveres atados a árboles con disparos en la cabeza. El antropólogo que dirigió la búsqueda sospechaba que buena parte de los datos de la Gendarmería eran falsos y llegó a pensar que los habían enterrado sin nombre en algún cementerio de la zona. Revisó varios, sin resultado. Ninguna de esas hipótesis se ha podido comprobar.

¿Mandaron a Masetti a morir?

Es la pregunta que surge casi siempre ante esta historia, y conviene separar lo documentado de lo interpretado. Está documentado que la guerrilla fue un proyecto del Che, preparado desde Cuba, con oficiales cubanos, entrenamiento cubano y la participación de hombres como Furry. También lo está que el Comandante Primero nunca llegó. En diciembre de 1964, ocho meses después de la desaparición de su amigo, el Che hablaba en la tribuna de Naciones Unidas en Nueva York. En 1965 se marchó al Congo, y en 1966 entró en Bolivia, donde encontraría un final parecido al de Masetti: un grupo aislado, sin apoyo campesino y cercado en la selva.

Lo que no existe es un documento público que demuestre que alguien en La Habana decidiera sacrificar a Masetti. La lectura que sí permiten los hechos es otra: el plan se diseñó desde una oficina, tomando la Sierra Maestra como receta universal, y lo pagaron jóvenes de ciudad metidos en una selva que no conocían. Unos murieron de hambre, otros a tiros, dos a manos de sus propios compañeros. Su jefe ni siquiera tiene tumba.

Hay además un dato que suele pasarse por alto: cuando aquella guerrilla empezó a moverse, Argentina estaba gobernada por Arturo Illia, un presidente salido de las urnas en 1963. No era una dictadura como la de Batista.

El hijo de Masetti y la Causa 1

El apellido no se quedó en la selva. Masetti tenía un hijo, también llamado Jorge, nacido en Argentina en 1955, al que apenas llegó a conocer. El niño creció en Cuba, en el corazón del mundo revolucionario. Según la editorial de sus memorias, en 1974 empezó a trabajar como agente de los servicios de inteligencia cubanos en varios países de América Latina. Estuvo en el Departamento América, el que coordinaba desde La Habana a las guerrillas del continente, y uno de sus jefes era el coronel Antonio de la Guardia, Tony, conocido como el James Bond cubano.

Jorge Masetti hijo se casó con Ileana de la Guardia, hija de Tony. El muchacho que había perdido a su padre en una guerrilla del Che terminó siendo yerno de uno de los hombres más poderosos y discretos del aparato secreto cubano.

Hasta 1989. Tony de la Guardia fue detenido junto al general Arnaldo Ochoa y otros oficiales en la Causa 1, acusados de narcotráfico. El 13 de julio de 1989, Tony fue fusilado. Aquel juicio, el más famoso de la historia de la Revolución, tuvo otros protagonistas, como el número dos del MININT que entregó a los De la Guardia o el fiscal que pidió siete fusilamientos en la Causa 1.

Para Masetti hijo fue el final. En 1990 se exilió en Francia con Ileana y en 1993 publicó sus memorias, tituladas en español El furor y el delirio. En ellas describe la Revolución como un pretexto para cometer atrocidades, llama a los jóvenes de su generación aventureros irresponsables y admite que, de haberse quedado en Cuba después de 1989, quizá no habría soportado reconocer la verdad. Todavía en 2024 seguía hablando de aquellos años en una entrevista con el cineasta cubano Ian Padrón.

Un mausoleo para Peña, ninguna tumba para Masetti

Un último episodio cierra el círculo. Cuando los restos de Hermes Peña volvieron a Cuba, en abril de 2006, fueron enterrados con honores militares en Santa Clara, en el mausoleo del Che y de los guerrilleros caídos en Bolivia. Presidió la ceremonia Abelardo Colomé Ibarra, Furry, el mismo que en 1962 había participado en aquella misión clandestina vinculada a Masetti. Para Peña hubo mausoleo. Para Masetti, ni siquiera una tumba.

Es la historia de dos generaciones de una misma familia. El padre lo entregó todo a la Revolución y desapareció en una selva donde nadie ha encontrado sus huesos. El hijo creció dentro de esa misma Revolución, la sirvió durante quince años y la vio fusilar a su suegro. La vieja frase de que la revolución devora a sus propios hijos, en el caso de los Masetti, se cumplió dos veces.

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