Conrado Hernández: el hombre que no subió al avión y tumbó a Lage y Pérez Roque

Conrado Hernández (d), exdelegado de la SPRI en La Habana detenido en 2009 por presunto espionaje

El 14 de febrero de 2009, mientras media Habana celebraba el Día de los Enamorados, un hombre de cincuenta y tantos años esperaba en el aeropuerto José Martí, junto a su esposa, un vuelo con destino a España. Trabajaba para un gobierno extranjero y tenía amigos en lo más alto del poder cubano. Nunca subió a ese avión. Esa noche, en Bilbao, nadie supo decir dónde estaba, y durante días nadie en La Habana ofreció una sola explicación.

Se llamaba Conrado Hernández. Su detención fue la primera pieza de un dominó que, apenas dos semanas después, derribó a los dos dirigentes jóvenes a quienes muchos cubanos veían como herederos naturales de Fidel Castro: el vicepresidente Carlos Lage y el canciller Felipe Pérez Roque. Más de 17 años después, sigue sin estar claro quién era realmente aquel hombre, qué papel jugó en la caída de sus amigos y dónde se encuentra hoy.

Un hijo del sistema que llegó alto sin ser ministro

Conrado Hernández nunca fue ministro ni comandante. Según las reconstrucciones que publicó el corresponsal de El País en La Habana, Mauricio Vicent, era matancero, ingeniero industrial y militante del Partido Comunista. No venía de la Sierra Maestra ni de la clandestinidad: era un producto de la Revolución, formado dentro de sus estructuras.

Su gran activo fue una amistad de juventud. En la Federación Estudiantil Universitaria fue el segundo de Carlos Lage: cuando Lage dirigía a los universitarios, Conrado era su mano derecha. A partir de ahí, sus caminos se separaron en altura, pero no en confianza. Lage escaló hasta convertirse en el gran gestor de la economía cubana durante el Período Especial, mientras Conrado pasaba por cargos administrativos, primero en el Combinado del Vidrio y después en el hotel Habana Libre, el antiguo Hilton.

Fue en ese hotel donde empezó a tratar con algo que en la Cuba de los años noventa valía oro: empresarios extranjeros, en particular la gestión hotelera española de la cadena Guitart.

El hombre de los vascos en La Habana

El salto decisivo llegó en 1998, cuando el Gobierno Vasco abrió en La Habana una oficina de la SPRI, su agencia de desarrollo empresarial. El elegido para dirigirla fue un cubano: él. Según la prensa de la época, su nombre había sido propuesto por las propias autoridades de la isla. Representaba intereses extranjeros, pero con la bendición del aparato.

No era un puesto decorativo. Un estudio del profesor Alexander Ugalde sobre las relaciones entre el País Vasco y Cuba, escrito años antes del escándalo, lo identifica como director de esa oficina y le atribuye 37 proyectos empresariales en poco más de dos años, en sectores como la industria, la energía, la salud y la formación. Según la prensa vasca, las empresas de Euskadi llegaron a sumar cerca de una cuarta parte de todo lo que Cuba importaba desde España.

Vicent llegó a vincularlo con una operación muy sonada de 2005: la compra a la empresa vasca Guascor de generadores eléctricos para la llamada Revolución Energética impulsada por Fidel, un negocio que el periodista estimó en unos 100 millones de dólares. No se ha publicado ningún contrato que precise cuál fue su papel exacto, pero el retrato es coherente: Conrado estaba justo donde el Estado tenía sus prioridades.

Su verdadero capital era el acceso. Para un empresario de Bilbao que necesitaba una reunión, un permiso o saber a qué puerta llamar, él era la solución. Y en un país donde todo se decide arriba, ese tipo de acceso interesa a los empresarios, pero también a los servicios de inteligencia.

La sucesión de Fidel y los dos delfines

Ese acceso se volvió peligroso a partir de 2006. En julio de ese año, Fidel Castro enfermó gravemente y cedió el poder de forma provisional a su hermano Raúl, que fue elegido formalmente presidente en febrero de 2008. En ese tablero había dos figuras que todos observaban: Carlos Lage, el médico convertido en zar de la economía, y Felipe Pérez Roque, antiguo secretario personal de Fidel y luego canciller. Jóvenes, mediáticos y con línea directa con el Comandante, para muchos representaban el futuro.

Un anónimo contra un primo

Según el expediente que elaboraron después las autoridades cubanas, todo comenzó con una carta anónima. El corresponsal de La Jornada de México, Gerardo Arreola, explicó que el vídeo de la acusación situaba ahí el origen: alguien denunció a un médico, Raúl Castellanos Lage, primo del vicepresidente, por criticar con dureza a la dirigencia histórica. Raúl Castro habría ordenado vigilarlo, y siguiendo ese hilo la vigilancia alcanzó a su entorno: a Lage, a Pérez Roque y a un amigo que tenía una finca donde todos se reunían a divertirse y, sobre todo, a conversar. Ese amigo era Conrado Hernández.

Nadie ha visto ese anónimo; es la versión del propio expediente. Pero si es cierta, la caída de los presidenciables no empezó en una embajada, sino con una denuncia contra un primo.

La finca: dominó, neveras portátiles y un río

Las referencias sitúan la finca en la zona de Matanzas, por Arcos de Canasí, cerca de Bacunayagua. En las fotos que salieron a la luz en julio de 2009, difundidas por el programa de María Elvira Salazar en Mega TV, en Miami, aparecían Lage, Pérez Roque y Fernando Remírez de Estenoz, antiguo jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, en reuniones campestres con comida, bebida y partidas de dominó.

Durante años circuló que en aquella finca se celebraban orgías. El bulo procede de una columna de la periodista Gina Montaner, «El último guateque», en la que imaginaba en clave irónica una fiesta de lujo y sexo, comparándola con los escándalos de Berlusconi. La propia autora aclaró que las imágenes reales mostraban algo mucho más corriente: hombres jugando dominó y bebidas en neveras portátiles. La orgía era sátira, no un hecho.

Lo que sí formó parte de la acusación fue una de las anécdotas más llamativas del caso: según el expediente, Conrado habría conseguido apoyo político para desviar el cauce de un río en beneficio de su propiedad. El autor del blog El Último Swing, que vio el vídeo, lo presentó como un ejemplo perfecto de abuso de poder. Años después, el periodista vasco Xabier Lapitz recogió una versión distinta: sus fuentes describían una finca grande pero sencilla, con un rancho para herramientas y un asador, y ponían en duda que ese desvío hubiera existido. Quienes vieron la proyección recuerdan, sin embargo, que en ella se hablaba de un río cuyo cauce se desvió, o se intentó desviar, con ayuda estatal y maquinaria pesada.

Una boda y un secreto de Estado

Lo verdaderamente explosivo no estaba en la finca, sino en lo que se decía en ella y a su alrededor. Hay que volver a febrero de 2008, cuando se decidía quién sería el número dos de Raúl Castro. No era un detalle menor: Raúl asumía el mando siendo ya anciano, y se daba por hecho que su mandato sería breve por pura biología. El número dos estaba llamado, en la práctica, a ser el siguiente número uno.

Según publicó el diario ABC, en esos días Conrado, Lage, Pérez Roque y otros conocidos coincidieron en una boda en el hotel Ambos Mundos, en La Habana Vieja. En plena celebración, Lage habría revelado el secreto: el elegido para la primera vicepresidencia no sería ninguno de ellos, sino José Ramón Machado Ventura, un hombre de la generación histórica, inflexible y cercano ya a los 80 años. Para los delfines, fue un jarro de agua fría.

Según ese mismo relato, Conrado reconoció después que abandonó la fiesta para avisar a sus contactos españoles, y Raúl Castro sostuvo, al presentar el caso, que la noticia llegó a España antes de hacerse pública en Cuba. Es la versión de la acusación, pero ayuda a entender el impacto en el Palacio de la Revolución: una confidencia entre amigos, con una copa en la mano, convertida en información sobre la sucesión del Estado con destino a Madrid.

«No me pasaron la bola»

El País publicó además una frase atribuida a Lage en una conversación telefónica con Carlos Valenciaga, otro exsecretario personal de Fidel. Al saber que el puesto sería para Machado Ventura, habría dicho: «No me pasaron la bola». Lenguaje de pelota para admitir que lo habían dejado fuera del juego. Si la transcripción es fiel, la frase revela frustración, pero por sí sola no prueba ninguna conspiración. En la Cuba de entonces, sin embargo, no hacía falta mucho más para caer en desgracia.

Más grave fue otro comentario. Según los testimonios recogidos por La Jornada, el primo médico, Raúl Castellanos, le habría dicho a Lage el 24 de febrero de 2008, el mismo día del nombramiento, que podría haber dañado a Machado Ventura durante una intervención médica y que el país se lo habría agradecido. No hay prueba alguna de que nadie intentara nada real: en el expediente, la frase servía para ilustrar el desprecio de ese círculo hacia la vieja guardia. Y otros relatos la sitúan en otro momento, de modo que hasta su contexto está en disputa.

El expediente incluía también un capítulo de escándalo moral. Según La Jornada, en septiembre de 2006, con Fidel recién operado, Valenciaga celebró su cumpleaños en un salón del propio Palacio de la Revolución, muy cerca de donde se recuperaba el Comandante. En el vídeo se mostraron fotos de aquella fiesta, con alguien tocado con una gorra militar y una botella colocada de forma obscena, y Raúl, según quienes asistieron a la proyección, las presentó indignado. No solo se juzgaba lo que se decía, sino cómo se comportaban en privado quienes debían ser la cara seria de la Revolución.

El almuerzo en El Templete y la sombra del CNI

Lo que convirtió el caso en algo mucho mayor fue una palabra: espionaje. La acusación sostenía que en 2007 Conrado almorzó en El Templete, un restaurante elegante junto a la bahía, frente al Castillo de la Fuerza, frecuentado por diplomáticos y empresarios, con agentes del CNI, el servicio de inteligencia español. Según el expediente, la comida estaba grabada y en ella Conrado acordaba qué información debía conseguir. ABC detalló que la lista incluía la salud de Fidel, el programa energético y las relaciones internacionales de Cuba.

Conviene matizar: comer con alguien de inteligencia no equivale a trabajar para ellos, y un hombre que vive de facilitar negocios almuerza con mucha gente. La acusación afirmó que Conrado aceptó una misión; las fuentes españolas lo negaron. La grabación completa nunca se ha hecho pública.

Otro episodio del expediente fue el del pasaporte. Según El País, Pérez Roque, siendo canciller, habría ayudado a su amigo a obtener un pasaporte diplomático en apenas 24 horas. En un país donde cualquier trámite puede llevar semanas, el detalle dice mucho de lo que significaba tener un ministro entre los amigos.

Amalia Isla, la médica del hospital de los dirigentes

La parte más delicada del caso llevó la investigación hasta el propio hogar de Conrado. Su esposa, Amalia Isla, era médica del CIMEQ, el hospital donde se atiende a la alta dirigencia, y teniente coronel del Ministerio del Interior. En los años en que la salud de Fidel era un secreto de Estado, la mujer de Conrado trabajaba precisamente en el hospital de los dirigentes.

En octubre de 2009, Cuba Encuentro, citando a El Nuevo Herald, que a su vez se apoyaba en una fuente anónima de la Fiscalía, publicó que ella habría facilitado datos sobre la salud de Castro y que colaboraba con los investigadores. Es información de tercera mano y no se sabe qué datos habría podido transmitir. Pero la imagen resultaba demoledora: el secreto mejor guardado de Cuba, supuestamente saliendo por la puerta de una casa.

Dos semanas para tumbar a los presidenciables

El desenlace fue fulminante. El 2 de marzo de 2009, apenas dos semanas después de la detención en el aeropuerto, Raúl Castro anunció una amplia reorganización del Gobierno. Lage perdía su puesto al frente del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, que pasaba a manos de un militar, y Pérez Roque era sustituido como canciller por Bruno Rodríguez.

Al día siguiente, Fidel publicó la reflexión «Cambios sanos en el Consejo de Ministros», en la que negó que su hermano estuviera sustituyendo a sus hombres por los propios y habló de «la miel del poder», que según él había despertado en algunos ambiciones indignas. Ese texto rebaja, como mínimo, una teoría muy repetida: la de una guerra entre Fidel y Raúl. Fidel respaldó la purga por escrito al día siguiente.

Pocos días después, Lage y Pérez Roque enviaron cartas en las que reconocían errores y renunciaban a todos sus cargos en el Partido y en el Estado. De un plumazo, los dos presidenciables desaparecieron de la vida pública.

El vídeo a puerta cerrada

Entonces empezó a circular el famoso vídeo. No por televisión, sino en reuniones restringidas del Partido, de la UJC y de distintas instituciones, para explicar a los cuadros por qué habían caído. El autor de El Último Swing, que escribió de memoria tras verlo, describió un detalle revelador: cuando a los dirigentes les preguntaban por Conrado, intentaban restar importancia a la amistad. El hombre que les organizaba los domingos en la finca se había convertido, de repente, en casi un desconocido.

No era la primera vez que alguien que estaba en la cima amanecía convertido en traidor, con una confesión y un vídeo como piezas centrales del guion. El patrón se ha repetido tanto que constituye casi un género propio de la política cubana.

La reacción en Euskadi y la salida de los agentes españoles

Al otro lado del Atlántico, la primera reacción fue de desconcierto. Las autoridades vascas preguntaban por su delegado sin obtener respuesta, mientras la policía cubana registraba la oficina de la SPRI en La Habana y se llevaba documentación y el disco duro de un ordenador.

En abril de 2009, la portavoz del Gobierno Vasco, Miren Azkarate, declaró que la investigación cubana no guardaba relación con su trabajo como delegado. Una delegación vasca viajó a la isla y anunció que la cooperación empresarial seguiría adelante, y más tarde, según El Correo, una auditoría de la SPRI descartó irregularidades en la oficina.

En mayo de 2009 llegó la sacudida diplomática: tres miembros del CNI salieron de Cuba tras una queja del Gobierno cubano. Suele hablarse de una expulsión, pero según Europa Press, España los retiró antes de que se produjera una expulsión formal, y el ministro Miguel Ángel Moratinos lo presentó como un relevo rutinario. Todo indica que se trataba, más bien, de apagar un incendio.

Seis versiones sobre quién era Conrado Hernández

La gran pregunta sigue abierta. Sobre la verdadera identidad de Conrado circulan al menos seis hipótesis, con niveles de respaldo muy desiguales:

  • Informante del espionaje español. Es la versión oficial y la que más rastro ha dejado: hay un vídeo y una acusación. Pero ni la sentencia completa ni el expediente se han publicado.
  • Colaborador de la Seguridad cubana. La tesis inversa: habría sido utilizado para grabar y comprometer a sus amigos. Fuentes españolas y diplomáticas la deslizaron en la prensa, sin que nadie haya mostrado una prueba concreta.
  • Agente doble. En mayo de 2009, Juan Jesús Aznárez lo describió en El País como un intermediario que podía interesar a ambos servicios a la vez, por su acceso a dirigentes cubanos y sus conexiones españolas. Hay quien menciona incluso un tercer servicio, aunque nunca se precisa cuál.
  • Chivo expiatorio. Los grandes dirigentes se fueron a casa y Conrado acabó en la cárcel. Sin embargo, a él se le acusaba de algo distinto y más grave, de modo que el castigo desigual no demuestra quién montó la operación.
  • Una maniobra española ante una posible transición. La teoría resurgió en 2022, cuando Esperanza Casteleiro fue nombrada directora del CNI y trascendió que había estado destinada en La Habana. Business Insider recogió dos explicaciones de aquel destino: una puramente profesional y otra, atribuida al periodista Manuel Cerdán, que lo vinculaba a la preparación de contactos. El columnista Carlos Cabrera fue más lejos y presentó a Conrado como un viejo colaborador cubano y agente doble dentro de un plan español con coordinación estadounidense, sin publicar documentos que lo sostengan. Además, la cronología no encaja de forma automática: las reconstrucciones sitúan a Casteleiro en Cuba en 2009, y el almuerzo de El Templete es de 2007.
  • Una conspiración con Hugo Chávez. La más novelesca: Lage y Pérez Roque habrían conspirado con el presidente venezolano contra Raúl para frenar un acercamiento a Estados Unidos. La lanzó el excanciller mexicano Jorge Castañeda, que poco después admitió no tener pruebas y la calificó de especulación. Por atractiva que resulte, carece de base.

El juicio, la confesión en el sofá y la pena que nadie conoce

Mientras fuera se debatían estas versiones, Conrado seguía preso. Su juicio llegó en marzo de 2011, más de dos años después de su detención. Según la información judicial publicada por El Correo, la vista se celebró los días 16 y 17 de ese mes y la Fiscalía pidió para él 20 años de cárcel.

El mismo diario describió una de las escenas más extrañas del caso: Conrado admitiendo el espionaje en una grabación, sentado en un sofá, tranquilo, casi relajado. Para unos, era la serenidad de quien asume lo que hizo; para otros, la de quien recita un texto preparado. El lenguaje corporal no prueba nada, y sin el material íntegro la escena sigue siendo un enigma.

Conviene desmontar un error muy extendido: que fue condenado a 20 años. Esa fue la petición fiscal. La sentencia nunca se ha hecho pública, por lo que la pena que realmente cumplió no está confirmada.

¿Libre, preso o en silencio? El paradero de Conrado

Lo que se supo después llegó a cuentagotas y de forma contradictoria. El 22 de octubre de 2021, el periodista Ernesto Hernández Busto informó en CiberCuba, citando a fuentes cercanas a la familia, que Conrado había salido de prisión con un beneficio penitenciario y un régimen más benigno. Rondaba entonces los 70 años y tenía problemas de salud. Según ese mismo texto, su esposa había sido inhabilitada para ejercer la medicina y había pasado meses en reclusión domiciliaria.

La historia no se cerró ahí. En mayo de 2022, el diario Gara escribió que seguía preso. En enero de 2023, una columna de Carlos Cabrera lo situaba viviendo discretamente en La Habana; quizá «salir de prisión» significaba un régimen todavía vigilado. Y en 2025, familiares suyos en Estados Unidos aseguraron que continuaba preso en la cárcel de Guanajay, en un estado deplorable, enfermo y con demencia. Su hija logró emigrar a Canadá; de Amalia Isla se sabe poco.

Desde entonces, silencio. No hay noticias sólidas sobre su situación actual ni confirmación alguna de que haya fallecido.

Lo que quedó de los herederos

Carlos Lage y Felipe Pérez Roque nunca fueron juzgados. Desaparecieron de la vida pública y no han vuelto a ocupar cargos de peso. Aun así, la sombra de aquella caída reaparece de vez en cuando. En junio de 2026, Diario Las Américas informó de que Estados Unidos había revocado la visa a Cristina Lage, hija del exvicepresidente, y a su esposo, a quienes la prensa vincula con negocios gastronómicos de alto nivel en La Habana. Washington no explicó los motivos, pero el apellido Lage volvió, por un momento, a los titulares.

El poder de los intermediarios y su trampa

Conrado Hernández no fue un gran líder, ni un disidente, ni un ideólogo. Su poder era de otra naturaleza: el del intermediario, el hombre sin un gran cargo que sabe a quién llamar. El amigo que consigue el permiso, el contacto, el pasaporte o el domingo tranquilo en la finca.

Su caso confirmó algo que en Cuba muchos intuyen: en ese sistema, las amistades y los socios son un capital, pero también una trampa. Las mismas redes que encumbran pueden hundir. Cada partida de dominó, cada broma sobre los viejos, cada confidencia en una boda podía acabar convertida en prueba dentro de un vídeo proyectado a puerta cerrada.

Para el poder, el caso no solo castigaba un posible espionaje. Era una advertencia a toda una generación de dirigentes jóvenes: nadie es heredero hasta que los históricos lo decidan.

Y lo que se ignora sigue pesando más que lo que se sabe: quién grabó cada conversación, si fue el propio Conrado, los españoles o la Seguridad cubana; en qué condiciones confesó; cuál fue su pena real. Y si aquel hombre que no subió al avión el Día de los Enamorados de 2009 sigue hoy, en silencio, en algún lugar de Cuba.

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