Rolando Masferrer, el jefe de los Tigres de Batista que murió en un coche bomba
El 31 de octubre de 1975, víspera de Todos los Santos, una carga explosiva destrozó un Ford Torino en Miami. Su dueño, Rolando Masferrer Rojas, de 57 años, murió en el acto. Lo enterraron bajo una bandera cubana, lejos de la isla en la que había sido senador, jefe de un ejército privado y uno de los nombres más temidos de Oriente. Una semana antes, desde las páginas de su semanario, había defendido las bombas como arma legítima contra Fidel Castro.
Medio siglo después, nadie ha sido condenado por aquel crimen. Y la vida que terminó esa noche sigue siendo una de las más difíciles de encajar de la historia cubana del siglo XX: Masferrer fue comunista, combatió contra Franco, compartió una conspiración con Fidel Castro, sostuvo la dictadura de Batista y acabó condenado por la justicia de Estados Unidos por intentar invadir Haití. Separar lo documentado de lo legendario es, en su caso, casi un trabajo de arqueología.
Un abogado con pistola y periódico propio
Rolando Arcadio Masferrer Rojas nació en Holguín, en la antigua provincia de Oriente, en 1918. La fecha mejor respaldada es el 12 de enero, la que recoge un memorando de la CIA de 1976, aunque circulan otras que lo sitúan en julio.
Conviene desterrar desde el principio la imagen del matón sin letras. Masferrer se graduó en Derecho en la Universidad de La Habana, trabajó como periodista y editor y dio clases de inglés en Marianao. Sabía escribir y sabía discutir. Esa combinación —la del hombre armado que además tenía tribuna para justificar sus disparos— marcaría toda su trayectoria.
Sus primeros pasos fueron en la izquierda revolucionaria de los años 30. Militó en la Joven Cuba de Antonio Guiteras y pasó por el comunismo. Según contó él mismo en una entrevista de 1975, fue encarcelado en 1935 por oponerse al poder que Batista ejercía entonces desde el Ejército. La paradoja de ese dato solo se revelaría dos décadas más tarde.
La guerra de España y el apodo de «El Cojo»
Masferrer cruzó el Atlántico para defender a la República en la Guerra Civil española. No es una leyenda: el investigador Fernando Vera Jiménez lo incluye, en su libro Cubanos en la Guerra Civil española, entre los integrantes de la Centuria Antonio Guiteras, la unidad de voluntarios cubanos vinculada al Batallón Lincoln de las Brigadas Internacionales. La base de datos SIDBRINT de la Universidad de Barcelona, dedicada a los brigadistas internacionales, lo relaciona además con la batalla del Ebro.
De España regresó con una herida en el pie —o en el talón, según la versión— que lo dejó cojo para siempre y le dio uno de sus apodos. Las fuentes no coinciden sobre qué la causó ni en qué combate, y tampoco está claro que llegara a mandar un batallón, como a veces se afirma.
Lo que sí obtuvo fue una credencial moral que exhibiría durante décadas. Los historiadores Morten Heiberg, Enrico Acciai y Carl-Henrik Bjerström, autores de Armed Internationalists, explican que Masferrer siguió presumiendo de su pasado antifascista incluso cuando sus actos posteriores eran muy difíciles de conciliar con él. Haber peleado contra Franco era su carta de presentación como revolucionario auténtico, y la usaba cuando le convenía.
Del Partido Comunista a los grupos de acción
De vuelta en Cuba trabajó en la prensa comunista, sobre todo en el diario Hoy. Hacia 1945 fue expulsado del partido. Años después atribuiría su salida a haber denunciado la corrupción de los dirigentes y su obediencia a Moscú, aunque esa era su versión.
El historiador Gary Tennant matiza el relato: el grupo que siguió a Masferrer surgió de una disputa interna de la izquierda en torno a una línea más conciliadora procedente del comunismo estadounidense. Es decir, su ruptura no supuso un salto inmediato a la derecha. Masferrer siguió hablando de revolución socialista y disputando a otros la bandera de la izquierda.
De ahí nació el Movimiento Socialista Revolucionario (MSR). Aunque muchas biografías fechan su fundación en 1947, Tennant cita cartas de 1946 que ya lo mencionan. Masferrer aseguraba haber redactado sus tesis y ser su secretario general. Sobre el papel, el MSR defendía la organización de obreros y estudiantes y la reforma agraria. En la práctica, era uno de los llamados «grupos de acción».
En la Cuba de finales de los años 40, esas organizaciones armadas, herederas de las luchas de la década anterior, se disputaban la Universidad, el favor de los políticos y los puestos del Estado. Eran una mezcla de militancia, padrinazgo y gangsterismo en la que resultaba difícil saber dónde terminaba el ideal y dónde empezaba el negocio. El gran rival del MSR era la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR) de Emilio Tró, a la que por entonces estaba vinculado un joven estudiante de Derecho llamado Fidel Castro.
Cayo Confites: Masferrer y Fidel en el mismo bando
En 1947 se organizó desde Cuba una expedición para derrocar al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo: la de Cayo Confites. En ella coincidieron, del mismo lado, Masferrer y Castro. El primero tenía mando e instruía a los voluntarios; según su propio relato, dirigía el batallón Augusto Sandino. La operación fue desarticulada, los expedicionarios fueron detenidos y Fidel logró escapar.
De aquella aventura procede una de las anécdotas más repetidas: la supuesta bofetada que Masferrer habría dado a Fidel delante de la tropa. El propio Masferrer la desmintió en 1975, cuando aseguró que nunca lo había golpeado. El detalle tiene peso: si alguien tenía motivos para humillar públicamente a Castro en esa fecha, era él.
Eso no significa que se llevaran bien. La enemistad venía de las broncas universitarias. Masferrer acusó a Fidel de participar en un atentado contra él frente a su casa de La Habana en 1948, una acusación que repiten otros relatos pero que no está probada; incluso la fecha exacta varía según quién la cuente.
El giro: senador de Batista
El golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 marcó el gran viraje de su vida. Masferrer, elegido representante por Oriente en 1948, crecido políticamente a la sombra de los gobiernos auténticos y encarcelado en su juventud por oponerse a Batista, terminó del lado del dictador. En 1954 fue elegido senador por Oriente y ejerció durante la última etapa del régimen. Un documento diplomático estadounidense de 1957 lo identifica como dirigente de un partido aliado del Gobierno.
Su poder descansaba sobre tres pilares simultáneos: un escaño en el Senado, con el que negociaba; periódicos propios, con los que persuadía; y hombres armados a sus órdenes, con los que intimidaba a quien no se dejaba persuadir.
La prensa era un arma más. Un despacho consular de mayo de 1958 describía Libertad, su diario de Santiago de Cuba, como muy favorable al Gobierno y como la única publicación local que publicaba editoriales en aquel momento. En plena censura, el único que podía opinar era él.
Los Tigres de Masferrer: lo que dicen los documentos
Los hombres armados de Masferrer quedaron grabados en la memoria cubana como los Tigres, una fuerza paramilitar vinculada al régimen y con especial presencia en Oriente. Su existencia no depende de la propaganda revolucionaria: un documento del Departamento de Estado de 1958 los describe como un ejército privado respaldado por Batista y organizado para combatir a los revolucionarios con métodos no convencionales.
El 4 de junio de 1958, Park Wollam, cónsul estadounidense en Santiago de Cuba, informaba de que la fuerza de Masferrer seguía operando, de rumores de choques con las propias Fuerzas Armadas y de tiroteos atribuidos al Servicio de Inteligencia Militar (SIM), a los masferreristas y a los rebeldes. Mencionaba también la aparición de cadáveres sin identificar, aunque sin atribuirlos todos a un mismo bando. Parte de esa correspondencia diplomática está recogida en la colección Foreign Relations of the United States dedicada a Cuba entre 1958 y 1960. La violencia de los Tigres fue real, pero no todos los muertos que aparecieron en Oriente pueden cargarse a la cuenta de Masferrer.
Hay, en cambio, casos con nombre propio. En la Causa 42 de 1959 del Tribunal Revolucionario de Santiago, de la que se han publicado extractos, se atribuye a René Feria Pérez y a otros subordinados, por órdenes de Masferrer, la detención del joven Mario Iglesias Vega el 3 de junio de 1958; Mario apareció después asesinado. Ese mismo material recoge el testimonio de Moisés Elías Vila sobre la muerte de su padre, Santiago Vila, en enero de 1958. Lo conocido de esa causa procede de un artículo de La Jiribilla de tono marcadamente propagandístico, no del expediente completo, pero los nombres y los testimonios están ahí. El contexto de aquellos procesos se explica en este repaso a los juicios revolucionarios de 1959 y los fusilamientos.
Distinto es el caso de la cifra más repetida: 2.000 muertos. Cuando se rastrea su origen no aparece una lista de nombres, ni un método de conteo, ni una investigación independiente que la sustente. Que la cifra redonda no se sostenga no borra la represión ni los asesinatos documentados; lo que se cae es el número, no el horror.
Una carta del propio Wollam, fechada el 19 de enero de 1959, resume el problema. El cónsul escribía en privado que convenía encontrar la manera de devolver a Masferrer a Cuba, porque para la población local representaba lo peor de lo peor. Pero en la misma carta admitía no saber qué podría probársele jurídicamente. La fama, lo que todos daban por sabido y lo demostrable ante un juez eran tres cosas distintas.
La huida en el Ola Kun II
Cuando Batista cayó, el 1 de enero de 1959, Masferrer ya estaba huyendo. Salió por mar en un yate conocido como Ola Kun II y llegó a Florida. El nuevo Gobierno cubano reclamó su entrega y lo acusó de haberse llevado 17 millones de dólares, aunque, según la prensa de la época sobre la inspección estadounidense, a bordo se hallaron fondos reducidos. La reclamación sí fue formal: en marzo de 1959, el canciller Roberto Agramonte planteó a Washington su extradición y preparaba la documentación.
Un aliado incómodo para el exilio y para Washington
En el exilio volvió a lo que mejor sabía hacer: reunir hombres armados. Pero su pasado batistiano lo convertía en un socio tóxico. Una información de la agencia UPI de abril de 1961 señalaba que lo rechazaban los exiliados opuestos a la vez a Batista y a Castro, temerosos de que su sola presencia regalara propaganda al Gobierno cubano. Para La Habana, no había mejor imagen que la de Masferrer respaldando una invasión.
Una de las expediciones vinculadas a su entorno desembarcó en la bahía de Navas, en Oriente, en octubre de 1960, y fue un fracaso absoluto. Hubo capturas, y entre los estadounidenses fusilados figuraron Robert Otis Fuller, Anthony Zarba y Allen Dale Thompson. Según la prensa cubana, los detenidos declararon que Masferrer les había prometido un apoyo dentro de la isla que nunca se materializó.
La idea de un Masferrer protegido por Washington tampoco resiste el examen de los papeles. El 8 de abril de 1961 fue detenido después de que el Departamento de Estado pidiera frenar sus actividades. En el expediente judicial figura una comunicación del día anterior del secretario de Estado, Dean Rusk, a Robert Kennedy, favorable a retirarle el permiso, deportarlo o limitar sus movimientos. Faltaban días para Bahía de Cochinos, y Estados Unidos no quería a nadie operando por su cuenta mientras preparaba su propia ofensiva.
¿Agente de la CIA?
Un memorando interno de la CIA del 8 de octubre de 1976, firmado por Curtis R. Rivers, reconocía que existían expedientes sobre Masferrer, pero afirmaba que no había indicios de que la Agencia lo hubiera utilizado y negaba que hubiera aprobado su proyecto en Haití.
Es razonable desconfiar de lo que una agencia de inteligencia dice de sí misma. Pero figurar en sus archivos no convierte a nadie en agente. Ser vigilado, reunirse con personas que trabajan para la Agencia, pedirle ayuda, presumir de tenerla y trabajar para ella son cosas muy distintas. Lo que los documentos acreditan es la vigilancia y que Masferrer afirmaba contar con respaldo. Nada más.
El plan para invadir Haití y la cámara de CBS
El episodio mejor documentado de su exilio es también el más estrafalario. El objetivo era derrocar a François Duvalier, Papa Doc, instalar un gobierno afín en Haití y usar el país como trampolín para atacar Cuba. Su socio haitiano era Jean-Baptiste Georges, sacerdote y exministro, y juntos reclutaron a exiliados cubanos, haitianos y aventureros estadounidenses.
Washington estaba al tanto de todo. Los documentos diplomáticos, recogidos en una nota editorial del Departamento de Estado sobre la expedición contra Duvalier, muestran que en noviembre de 1966 las autoridades tenían informantes dentro del grupo. La noche del 2 de enero de 1967, la Aduana cayó sobre los expedicionarios y detuvo a unas 75 personas.
El informe de la Aduana tiene algo de comedia: barcos averiados, uno encallado, hombres esperando en una playa cerca de Marathon, en los Cayos de Florida. El arsenal, en cambio, no tenía nada de cómico: fusiles, ametralladoras, morteros, lanzacohetes y más de 70.000 cartuchos, más de 900 por cada detenido. Había armas; lo que no había era ninguna posibilidad razonable de conquistar Haití y, después, Cuba.
El escándalo mayor llegó después. La cadena CBS estaba implicada en la operación porque quería filmar una revolución en directo, un proyecto asociado al nombre de Project Nassau. El caso llegó al Congreso, donde se planteó una pregunta incómoda: si el dinero pagado por la televisión para obtener esas imágenes —en barcos, transporte y pagos a los organizadores— había contribuido a montar la conspiración.
El desenlace fue judicial. El 8 de julio de 1969, un tribunal de apelación confirmó las condenas de seis acusados, entre ellos Masferrer, por conspirar para organizar una expedición militar contra un país en paz con Estados Unidos y por exportar armas ilegalmente. La defensa insinuó que detrás había apoyo secreto del Gobierno estadounidense, pero el tribunal exigió pruebas y la insinuación no prosperó. Masferrer fue condenado a cuatro años y estuvo preso aproximadamente entre 1970 y 1972. Salió de la prisión federal de Marion, en Illinois, en diciembre de 1972.
Kennedy y La Coubre: las teorías sin pruebas
Su nombre aparece en teorías sobre el asesinato de John F. Kennedy y sobre la explosión del barco La Coubre en La Habana, en 1960. En ninguno de los dos casos hay pruebas de su participación. Que su expediente figure entre los archivos sobre Kennedy no demuestra nada: en ellos hay documentos sobre cientos de personas.
El último editorial
Tras la cárcel, Masferrer volvió a su otra arma favorita: la prensa. Escribía con seudónimos como «Crixo» y «Arcadio Peralta» y en 1974 relanzó en Miami el semanario Libertad, con su esposa y otros familiares implicados en el proyecto. El 24 de octubre de 1975 publicó un editorial titulado «Apendejation» en el que defendía el uso de bombas en la lucha contra Castro. Siete días después, la bomba estalló en su coche. La prensa de la época habló de dinamita.
Quién mató a Rolando Masferrer: tres versiones y ninguna sentencia
La primera hipótesis apunta a los hermanos Guillermo e Ignacio Novo, exiliados anticastristas que más tarde aparecerían en el caso del asesinato de Orlando Letelier en Washington. El periodista Saúl Landau escribió que esa sospecha la compartían los agentes Robert Scherrer y Carter Cornick. Pero una sospecha de investigadores no es una sentencia, y beneficiarse de una muerte no demuestra haberla ordenado.
La segunda sostiene lo contrario: que fue una operación de la inteligencia cubana. El historiador Antonio de la Cova remite a declaraciones de dos desertores, Rafael del Pino y Florentino Aspillaga, que hablaron de una acción ejecutada mediante un doble agente. La fuente es identificable, pero no existe una cadena documental que demuestre quién dio la orden y quién la cumplió.
El tercer elemento es el más extraño. Una revista estadounidense recogió que un hombre llamado Manuel de Armas aseguró en Radio Habana haber suministrado los explosivos, que según él le había entregado un agente de la CIA. Fue una declaración pública desde Cuba, no una confesión ante un juez.
La policía de Miami, entretanto, encontraba piezas que complicaban aún más el rompecabezas. La periodista Edna Buchanan contó en el Miami Herald que el periódico de un tal Ramón Donestevez tenía preparada, para el mismo día del atentado, una foto de Masferrer con las iniciales de «descanse en paz». Donestevez explicó que se refería a su muerte política. Fue investigado, pero la coincidencia no probaba culpa, y los propios policías advertían contra la tentación de meter todos los asesinatos del exilio en el mismo saco.
Casi 51 años después, ningún tribunal ha establecido quién mató a Rolando Masferrer.
Una vida hecha de contradicciones
Vista en conjunto, su biografía es un catálogo de paradojas. Combatió el fascismo en España y sostuvo una dictadura en Cuba. Predicaba la reforma agraria y la organización obrera mientras dirigía un ejército privado. Fue anticomunista, pero se formó en las luchas internas del comunismo. Como senador hacía las leyes y, a la vez, tenía hombres armados por encima de ellas. Su periódico se llamaba Libertad y defendía la violencia política. Encontró refugio en Estados Unidos y fueron los tribunales estadounidenses los que lo encarcelaron.
Prometió victorias y acumuló fracasos: Cayo Confites nunca llegó a su destino, las expediciones contra Castro se estrellaron y la invasión de Haití terminó en una playa de los Cayos, con la Aduana deteniendo a todo el mundo.
Cambiaron sus aliados y cambiaron sus enemigos, pero hubo algo constante: la fe en las armas, en el mando personal y en la capacidad de reunir hombres para entrar en la política por la fuerza. Eso no convierte en falsas todas sus ideas. Una persona puede creer en algo, retorcerlo para justificar lo que hace y, al mismo tiempo, perseguir poder y dinero. Tampoco su destino estaba escrito desde la juventud: otros cubanos que pelearon en España tomaron caminos muy distintos. Para entender el país en el que se movió, sirve este repaso a los mitos y realidades de la Cuba anterior a 1959.
La bandera que cubrió su ataúd en Miami resume, quizá mejor que nada, esa contradicción: Masferrer la invocó desde trincheras opuestas durante toda su vida, y murió sin que nadie haya respondido todavía por su muerte.
