«Hacemos Cuba»: ¿Lucha real o cortina de humo contra la corrupción?
El estreno del programa «Hacemos Cuba», conducido por Humberto López, generó una alta expectativa en la población, presentándose como una ofensiva directa y transparente contra la corrupción en Cuba. Sin embargo, su primer episodio ha levantado un intenso debate sobre su verdadero alcance y efectividad.
Te mostramos todos los detalles en el siguiente video:
De los grandes desfalcos a la corrupción de a pie
La expectativa inicial apuntaba a que el programa abordaría casos de alto perfil que han resonado en la opinión pública, como la situación del exministro de economía Alejandro Gil, acusado de «graves errores», o las operaciones de conglomerados como CIMEX y GAESA. La ciudadanía esperaba explicaciones sobre el origen de fortunas de ciertos dirigentes, un tema recurrente de debate popular.
No obstante, la realidad fue distinta. El programa se centró en cuatro casos de menor escala: una unidad empresarial de base en Bayamo que comercializaba alimentos, y tres empresas municipales en La Habana dedicadas a la recogida de desechos sólidos y a la fabricación de jabones para la canasta básica. Se expuso, por ejemplo, el desvío de diésel en las empresas de Comunales de Plaza y Centro Habana, o el robo de jabones en Suchel.
Si bien cualquier acto de corrupción es condenable, el enfoque ha sido interpretado por muchos como una manera de señalar las consecuencias del problema en lugar de sus causas estructurales. La indignación popular por estos delitos es real, pero la ausencia de los grandes responsables en el banquillo televisivo ha sido la principal crítica.
Una estrategia para desviar la atención
La selección de estos casos parece enviar un mensaje claro: el foco de la corrupción está en el nivel más bajo de la cadena. Esta narrativa sugiere que el problema reside en el administrador local, el bodeguero o el trabajador de una fábrica, y no en las altas esferas del poder.
Esta estrategia, vista como una táctica de distracción, busca fomentar la vigilancia entre ciudadanos y desviar la atención de las estructuras que permiten la corrupción a gran escala. Al centrarse en el desvío de productos básicos, se evita el escrutinio sobre el manejo de las finanzas y los activos más importantes del país, controlados por entidades sobre las que existe una notable opacidad.
La falta de separación de poderes como raíz del problema
Durante el propio programa, uno de los invitados, el Vicecontralor General de la República, ofreció una clave al señalar que los mecanismos de control interno fallan por la inexistencia de una «separación de funciones» en las entidades estatales.
Esta afirmación, sin embargo, puede extenderse a todo el sistema. La falta de una separación de poderes real en el país, donde el Partido Comunista se encuentra por encima de las instituciones gubernamentales y judiciales, impide la existencia de un control efectivo. La corrupción a pequeña escala puede ser vista entonces no como la causa del problema, sino como el síntoma inevitable de un sistema donde la rendición de cuentas es una ilusión.
La presunción de inocencia: ¿Una garantía constitucional ignorada?
Uno de los momentos más graves del programa fue la exhibición de rostros y datos personales de personas que, si bien están siendo investigadas, aún no han recibido una sentencia firme. Esta práctica vulnera directamente la presunción de inocencia, un principio fundamental del derecho.
Dicho principio está consagrado en el Artículo 95 de la Constitución cubana, que establece: «Toda persona se presume inocente hasta que se dicte sentencia firme en su contra». Al presentar a individuos como culpables ante una audiencia nacional, el programa no solo comete una falta ética, sino que podría estar incurriendo en una violación de la propia ley que dice defender. Esta actuación del poder mediático, actuando como fiscal y juez, genera un peligroso precedente.