La jugada que saca al ministro popular del poder en Cuba
La Asamblea Nacional de Cuba ha aprobado por unanimidad una modificación clave en la Constitución, un movimiento que, lejos de beneficiar al pueblo, parece reconfigurar el tablero político para favorecer a la vieja guardia. Esta jugada estratégica podría tener un objetivo claro: cerrar el paso al único ministro que goza de un notable respeto entre los ciudadanos, Eduardo Rodríguez Dávila.
Te mostramos todos los detalles en el siguiente video:
Un ministro elogiado en medio de la crisis
En una reciente sesión de la Asamblea Nacional dedicada a debatir la crítica situación del transporte en la isla, ocurrió un hecho inusual. Los diputados, en lugar de centrarse en la crisis, elogiaron al ministro del ramo, Eduardo Rodríguez Dávila, por su comunicación directa, su actividad en redes sociales y su aparente empatía con los problemas ciudadanos.
Rodríguez Dávila, un ingeniero al frente del complejo Ministerio del Transporte desde 2019, ha cultivado un perfil diferente al de otros dirigentes. A pesar del colapso del sector, su gestión es percibida por analistas y parte de la población como coherente y profesional, llegando a ser considerado por algunos como una figura con potencial para la presidencia del país.
El peligro de la popularidad: el caso de Lázaro Expósito
La historia política reciente de Cuba demuestra que una popularidad excesiva puede ser contraproducente. Un precedente claro es el de Lázaro Expósito, recordado en Granma y Santiago de Cuba por su gestión cercana y resolutiva como primer secretario del partido. Su gran aceptación popular no le valió una promoción a nivel nacional.
Por el contrario, Expósito fue finalmente «liberado» de su cargo y retirado, un hecho que muchos santiagueros asocian con el posterior deterioro de la provincia. Este caso envía un mensaje contundente desde el poder: el cariño del pueblo puede convertir a un político en una figura incómoda y vigilada.
Una reforma constitucional a medida
Con el mandato de Miguel Díaz-Canel teóricamente finalizando en 2028, Rodríguez Dávila se perfilaba como un posible candidato generacional. Sin embargo, el gobierno ha movido ficha. Los 440 diputados aprobaron eliminar de la Constitución el requisito de tener menos de 60 años para ser elegido presidente por primera vez.
Esta norma, impulsada por Raúl Castro en la reforma de 2019 para asegurar un relevo, ha sido ahora descartada. La justificación oficial, presentada por Esteban Lazo, alude al envejecimiento poblacional y a la necesidad de no limitar a personas con «plena capacidad» y «fidelidad a la Revolución».
Los beneficiados y el gran perjudicado
La eliminación del límite de edad beneficia directamente a figuras del aparato como Roberto Morales Ojeda (1967) y Manuel Marrero Cruz (1963), quienes para 2028 habrían estado bloqueados por la regla anterior. La reforma parece un traje hecho a la medida para garantizar la continuidad del sistema con hombres de su total confianza.
Este cambio llena de obstáculos el camino de Rodríguez Dávila, que pasa de ser un candidato lógico a uno más en una lista donde los favoritos son los de siempre. La maniobra se interpreta como una forma de neutralizar su creciente popularidad, demostrando que en la cúpula cubana la lealtad al aparato prima sobre la conexión con el pueblo.