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Tumbas de muertos por coronavirus en Cienfuegos: entre la yerba y la burocracia (+Galería)

Un reportaje publicado por el semanario 5 de septiembre de Cienfuegos —y retirado de su web horas más tarde—, reveló que las tumbas dónde descansan los muertos por coronavirus en esa ciudad no son debidamente atendidas por los trabajadores de comunales y los familiares se quejan de las pésimas condiciones de los sepulcros.

El texto comienza relatando la historia de una cienfueguera que tuvo que enterrar a su tío “a oscuras, con fango y en un hueco”, lo que describe como una experiencia muy dolorosa. La angustia de Adela se ha extendido en el tiempo por qué en el área donde enterró a su tío, crece la hierba “hasta el punto de obligarla a caminar con cuidado para no pasar por encima de alguna tumba”.

La investigación expone que varios cienfuegueros escribieron al periódico para denunciar las pésimas condiciones de estas áreas, que fueron ampliadas por el aumento en 5 veces más de lo habitual, de los entierros durante los meses de julio agosto y septiembre, periodo en el cual ocurrió el pico de contagios y muertes en esta provincia al sur de Cuba.

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Aunque los periodistas aseguran que cuando fueron al cementerio Tomás Acea  a confirmar la información las áreas habían sido chapeadas recientemente, exponen que existen problemas subjetivos y objetivos que han ocasionado que este cementerio jardín único de su tipo en Cuba, parezca un jardín enyerbado.

Aunque de las 24 plazas de ayudantes de cementerio para la atención de las áreas verdes, 21 están ocupadas, las parcelas extendidas para enterrar a los muertos por coronavirus no tienen un trabajador que se ocupe de ellas.

Los trabajadores aseguran que por 2 mil 315 pesos no pueden hacer las labores de barrido, jardinería, y chapea que requiere cada uno de estas áreas.

Según la administración del Tomás Acea, cuando un trabajador termina su trabajo el sábado y regresa el lunes la hierba ha aumentado considerablemente.

Sin embargo, los problemas no solo se remiten al salario que cobran, sino a que la nómina del personal es muy inferior a la que realmente necesita este camposanto, cuya área de enterramientos aumentó significativamente durante el pico de la pandemia.

El reportaje también revela que trabajan muchos “viejitos” a quienes no se les paga por sus labores de chapeo y desyerbe.

Para colmo “las plazas vacantes las mandaron a no cubrir porque habrá una reducción de plantilla”, explica el la jefa de servicios necrológicos.

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Y texto asegura que han sido los familiares de los muertos los que han colocado lápidas de cemento e identificado casi el 80% de las tumbas. Muchos de los difuntos tuvieron que ser enterrados en la tierra directamente por falta de bóvedas y los familiares no han estado conformes. Por gestión individual y el esfuerzo propio han logrado conseguir lápidas de cemento.

La administración del cementerio confesó que necesitan de equipos de construcción costosos para mejorar las condiciones del terreno y que permitirían garantizar una mejor experiencia en caso de un escenario similar al acontecido en 2021 “ y que conlleva a tomar decisiones apresuradas para garantizar que las sepulturas no láceraran aún más a las familias”.

Según datos publicados en agosto de 2021 por el periódico 5 de septiembre cada 24 horas ocurrían como promedio 43 enterramientos en la provincia de Cienfuegos en su mayoría causados por la COVID-19.  Estas cifras fueron alarmantes ya que duplicaron el número de fallecidos diarios y sobrepasaron los 360 en un mes.  Solo en julio superaron los 600 muertos mensuales.

“Desde 2018 los diputados de la Comisión de Salud y Deportes de la Asamblea Nacional del Poder Popular habían señalado a Cienfuegos entre las provincias con falta de espacio para las bóvedas, nichos y osarios, situación que dio al traste con el aumento drástico de muertes del pasado año.

Solo en el Tomás Acea se construyeron más de 300 nuevas capacidades de sepultura, fundamentalmente en tierra.

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