Cuba gana una votación inédita en la ONU pero pierde apoyos: qué pasó en el debate del 7 de julio

bruno rodríguez parrilla julio 2026

«Esta no es La Habana». La frase, lanzada por el representante de Estados Unidos Mike Waltz al canciller cubano en pleno salón de la Asamblea General, se convirtió en el momento más comentado de una jornada sin precedentes en las Naciones Unidas. Fue el 7 de julio de 2026, durante un debate que no figuraba en ningún calendario oficial, en el que un delegado cubano llamó mentiroso al embajador estadounidense, se exhibieron fotografías de presos políticos ante el mundo y se celebró una votación que Cuba ganó por 136 votos contra 9. Sin embargo, detrás de esa victoria aparente se dibuja otra historia: la de un respaldo internacional que se erosiona voto a voto.

Una votación que no estaba prevista: qué se decidió exactamente

Conviene despejar primero una confusión frecuente: lo que se votó no fue la resolución anual de octubre contra el embargo. Fue algo que no se había hecho nunca. Cuba solicitó reabrir el tema del bloqueo —ya debatido en octubre de 2025— para celebrar un segundo debate urgente dentro de la misma sesión de la Asamblea General.

Estados Unidos objetó formalmente la maniobra, calificándola de procedimiento inédito y de espectáculo propagandístico. Esa objeción obligó a someter la cuestión a votación, y el resultado fue contundente: 136 países a favor de abrir el debate, 9 en contra y 30 abstenciones. Washington perdió el pulso procesal y La Habana consiguió su debate extraordinario.

Por qué Cuba forzó el debate: la Orden Ejecutiva 14380

La razón de la jugada cubana, según La Habana y decenas de delegaciones, es que lo que existe desde enero de 2026 ya no es el bloqueo de siempre. Durante el debate se explicó que el 29 de enero Washington emitió la Orden Ejecutiva 14380, que declaró una emergencia nacional respecto a Cuba y autorizó aranceles y sanciones contra terceros países que vendan petróleo a la isla, con medidas adicionales aprobadas en mayo.

Las consecuencias denunciadas en la propia Asamblea dibujan un panorama crítico: un solo buque petrolero recibido en siete meses, más de 40 bancos extranjeros que se niegan a operar con Cuba, apagones de hasta 30 horas y una caída del producto interno bruto superior al 20 % en el primer trimestre. Una crisis que, según esas denuncias, resulta comparable o incluso peor que la del Período Especial.

El canciller cubano Bruno Rodríguez calificó el cerco energético de castigo colectivo y de bloqueo despiadado, y fue más allá: sostuvo que equivale a un bloqueo naval y que, según el derecho internacional, un bloqueo naval constituye un acto de guerra. Presentó además cifras de impacto humanitario y citó declaraciones del propio presidente Trump según las cuales ya no se puede aplicar mucha más presión sobre Cuba, salvo «entrar y destruir el lugar».

El contraataque de Waltz: presos políticos y los fondos de GAESA

Estados Unidos no acudió a esa sala a defenderse, sino a atacar. Mike Waltz transformó el debate sobre el embargo en un juicio político al régimen cubano. Mostró ante las cámaras fotografías de presos políticos, mencionando nombres como el del artista Luis Manuel Otero Alcántara, y afirmó que el conglomerado militar GAESA acumula unos 18.000 millones de dólares mientras la población sufre apagones y escasez.

Waltz negó la existencia de cualquier bloqueo naval, aseguró que la ayuda humanitaria estadounidense sí llega a la isla y sostuvo que el verdadero embargo es el que el régimen impone a su propio pueblo. La delegación cubana lo interrumpió repetidamente con cuestiones de orden, llegando a llamarlo mentiroso. Cuando los delegados comenzaron a golpear la mesa, el estadounidense respondió con la frase que dio la vuelta al mundo: «Esta no es La Habana, no seremos silenciados».

Para qué sirven realmente estas votaciones

Para entender la trascendencia de la jornada hay que partir de un hecho clave: las resoluciones de la Asamblea General no son jurídicamente vinculantes. Ninguna votación en la ONU puede obligar a Estados Unidos a levantar el embargo, porque se trata de una ley estadounidense que solo el Congreso puede modificar.

¿Por qué acude entonces Cuba cada año a Nueva York? Por razones muy concretas. La primera es internacionalizar el conflicto: convertir lo que sería un pleito bilateral en una causa global en la que la mayoría del mundo rechaza una política de Washington. La segunda, aislar diplomáticamente a Estados Unidos, que durante años quedó votando prácticamente solo junto a Israel. La tercera, reforzar la narrativa interna: poder decir al cubano de a pie que la crisis no es culpa del sistema, sino de una agresión externa condenada por el mundo entero. Y la cuarta, acumular capital diplomático que La Habana emplea en sus negociaciones con Europa, África y América Latina.

El termómetro de los votos: una erosión que preocupa a La Habana

Precisamente porque estas votaciones funcionan como termómetro político, la evolución de las cifras cuenta una historia que no favorece a Cuba. En 1992, la primera gran votación contra el embargo se saldó con apenas 59 votos a favor y 71 abstenciones. A partir de ahí, el apoyo creció de forma sostenida hasta el momento histórico de 2016, en pleno deshielo entre Obama y Raúl Castro: 191 votos a favor, ninguno en contra, y hasta Estados Unidos se abstuvo de votar contra sí mismo.

En 2024 todavía se registraron 187 votos favorables. Pero en octubre de 2025 la cifra cayó a 165, con 7 votos en contra y 12 abstenciones, la mayor erosión en décadas. Y ahora, en julio de 2026, el resultado fue de 136 a favor, 9 en contra y 30 abstenciones.

Es cierto que esta última votación era de carácter procesal y no resulta directamente comparable con la resolución anual. Pero la tendencia es clara, y la prensa internacional la subrayó: entre las abstenciones figuraron países tradicionalmente cercanos a la causa cubana, como Alemania y Canadá. Cuba sigue ganando, pero cada vez gana con menos.

Cómo se leyó la jornada en el mundo

La prensa internacional presentó lo ocurrido como una victoria procedimental de Cuba, aunque con señales evidentes de desgaste diplomático. En Estados Unidos, el Miami Herald lo resumió sin rodeos: Cuba gana el debate en la ONU, pero enfrenta un apoyo erosionado de países clave, con divisiones incluso dentro del Caribe.

La prensa independiente cubana fue todavía más dura. Medios como Diario de Cuba hablaron de que Estados Unidos emplazó al régimen, y otros calificaron la jornada de victoria propagandística limitada, recordando que la votación no cambia absolutamente nada del embargo y que los 136 apoyos son bastantes menos que los 165 de octubre.

Dos verdades incómodas y un relato en disputa

Un balance honesto de la jornada obliga a mirar el cuadro completo. Cuba tiene razón en que las medidas de 2026 son de una dureza sin precedentes y castigan directamente a la población, y en que la comunidad internacional sigue rechazando el embargo por abrumadora mayoría: 136 contra 9 continúa siendo una derrota diplomática para Washington.

Estados Unidos, por su parte, tiene razón en que en Cuba hay presos políticos, en que GAESA maneja fondos millonarios sin transparencia y en que parte de la crisis es responsabilidad del propio modelo cubano. Así lo reconocieron incluso países que votaron contra Washington, como los de la Unión Europea, que rechaza el embargo pero exige al mismo tiempo reformas y la liberación de detenidos.

Lo que ninguna de las dos partes quiere admitir es lo que señalan esas voces intermedias: que el sufrimiento del pueblo cubano es hoy el resultado combinado de un cerco externo brutal y de un sistema interno que no se reforma.

La conclusión más justa de esta jornada quizás sea esta: Cuba ganó la votación, pero ya no gana el relato completo. La ONU aceptó debatir el bloqueo, sí, pero Estados Unidos aprovechó ese mismo escenario para poner sobre la mesa los apagones, los presos y GAESA. Y el mundo, que antes votaba con Cuba casi por unanimidad, ahora empieza a usar la abstención para enviar mensajes a La Habana.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *