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COVID-19: carpintero de Santiago de Cuba fabrica once sarcófagos al día

Leonel Salazar, un carpintero del Consejo Popular Oscar Lucero Molla en el municipio Mella, de Santiago de Cuba, ha tenido que modificar su oficio y adaptarse a los nuevos tiempos de la pandemia y los fallecimientos que la COVID-19 ha provocado.

Según contó al periódico provincial Sierra Maestra ante el aumento sostenido de muertes por coronavirus y otras causas, tuvo que aprender a hacer ataúdes para ayudar a la empresa de Servicios Comunales, que no producía los suficientes ante el crecimiento de los enterramientos.

“Vinieron a verme las personas de la empresa forestal y me propusieron ir a Santiago de Cuba a aprender cómo se hacen los sarcófogos, y yo accedí”, contó Salazar. “Desde entonces en el patio de mi casa hago hasta 11 ataúdes cada día”.

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Foto: Periódico Sierra Maestra

Cuenta este trabajador por cuenta propia santiaguero que al inicio su familia no vio con buenos ojos que se dedicara a hacer “cajas de muertos” pero les explicó y entendieron la importancia de este trabajo.

También relata que a sus vecinos les causaba mala impresión ver llegar el carro fúnebre en busca de los sarcófagos y algunos no solo se asustaron sino que además, lloraron, conmocionados por el gesto de Salazar y por la triste situación epidemiológica que vive Cuba y en especial el territorio santiaguero desde hace varios meses.

Los servicios necrológicos del municipio Mella cuentan hoy con una disponibilidad diaria de 12 ataúdes, y de esa forma se evitan los dolores y molestias a las familias que, ante la muerte de un ser querido, deben añadir al dolor la rabia y frustración de un sarcófago que puede no estar disponible ante el aumento de muertes. 

¿Cómo se fabrican los sarcófagos en Cuba?

Las fábricas de sarcófagos en Cuba pertenecen a las empresas forestales de cada territorio. Aunque por lo general las temas que se usan para la tapicería de las cajas son de colores oscuros —negro y gris fundamentalmente— también es posible ver sarcófagos de color blanco —para niños—, o azul oscuro, casi siempre cuando no existe disponibilidad de las otrtas variantes. La tela se fija a la caja con puntillas.

Aunque pocas personas lo hacen, en Cuba es posible vestir la caja con una tela específica si así lo quiere la familia del fallecido o era su voluntad. Claro, la tela debe llevarla la familia.

“Una mañana llegó a esta fábrica un hombre con un saco a cuestas, se veía pesado, pensábamos que era un loco, pero solo tenía el alma destrozada por la proximidad de la muerte de su hermana. Traía una tela amarilla hermosa, que ella había pedido a sus parientes en el extranjero para que hicieran su ataúd. Estuvo parado a mi lado, llorando sin consuelo hasta que terminé de vestirlo, ese día sí estuve mal, a las pocas horas la mujer falleció”, contó una forradora de ataúdes al periódico Escambray. 

Estos sitios son por lo general carpinterías donde se usa madera de baja calidad pero resistentes, ya que deberán permanecer bajo tierra por dos años como mínimo.

Aunque existen medidas estándar para los ataúdes en Cuba, siempre se hacen unas más anchas o largas para personas con mayor altura o peso. Algunas veces, los ataúdes para algún fallecido han debido hacerse a medida porque en los existentes no cabe el muerto.

Sin embargo, una de las quejas frecuentes de la población es respecto a la mala calidad de los ataúdes, ya sea por la mala calidad de la madera utilizada o de la tela.

En varias ocasiones los trabajadores de estas fábricas de “cajas de muerto” han reclamado que las empresas forestales les entregan la madera en forma de bolo y es muy difícil darles forma. Además no siempre cuentan con los recursos para tapizar y confeccionar los ataúdes. 

 

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