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¿Tiene Cuba armas nucleares?

La respuesta es: NO, Cuba no posee armas nucleares ni existen informes creíbles de esfuerzos cubanos para adquirir tales armas.

¿Qué pasa con ese tipo de armamento que podríamos llamar también como “armamento especial”?

Pues tampoco se cree que Cuba tenga en su arsenal armas químicas. No existen informes creíbles de que el ejército de la isla tenga en su poder misiles balísticos de largo alcance.

Las agencias secretas de los Estados Unidos consideran que Cuba sí tiene un programa de investigación sobre agentes de guerra biológica, aunque el enfoque y alcance de esas investigaciones sigue siendo limitado. Cuba, con una industria biotecnológica de alta tecnología, rechaza tales acusaciones. 

Armas nucleares en Cuba

Desde el año 1959 los Estados Unidos, la mayor potencia militar del mundo, y Cuba han vivido fuertes tensiones que alcanzaron su punto álgido durante la frustrada invasión de Bahía de Cochinos —Playa Girón, cómo se le conoce en Cuba—, cuando un ejército de cubanos exiliados fueron armados y apoyados por Washington para derrocar el gobierno de Fidel Castro.

Tras esa invasión, que fue repelida por las tropas revolucionarias, el gobierno temía una nueva agresión estadounidense. En este contexto de amenaza los soviéticos persuadieron a los cubanos para que estrecharan sus vínculos económicos y políticos, lo que incluyó el establecimiento de acuerdos militares y de defensa.

En el otoño del año 1962 Estados Unidos tuvo informes no confirmados de que los soviéticos estaban instalando misiles nucleares de alcance intermedio en la isla de Cuba. Cuando tales noticias se confirmaron se desató lo que se conoce como la Crisis de los Misiles o Crisis de Octubre que llevó al mundo al borde de la guerra nuclear.

Cuba y los tratados internacionales

Cuba suscribió el Tratado de No Proliferación Nuclear el 4 de noviembre de 2002. Dicho tratado fue abierto para la firma el 1 de julio de 1968 y entró en vigor en 1970.

En marzo de 1995 Cuba firmó el tratado de Tlatelolco, también conocido como Tratado Para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe. Es un tratado que está en vigencia desde 1969. Sin embargo el gobierno cubano no ratificó este tratado hasta el 23 de octubre de 2002.

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En el momento de su ratificación la dirigencia cubana dijo que la adhesión de Cuba al tratado de Tlatelolco estaba condicionada a las relaciones hostiles entre Cuba y Estados Unidos.

Como norma, Cuba muchas veces se abstiene en las votaciones en el seno de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre resoluciones relativas a una variada gama de cuestiones sobre desarme y seguridad internacional.

En materia nuclear Cuba ha firmado acuerdos con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) para aplicar salvaguardias a instalaciones nucleares concretas. Estos tratados incluyen a la nunca concluida central nuclear de Juraguá, en Cienfuegos.

La central nuclear de Juraguá

Los reactores que serían instalados en la central cubana de Juraguá serían un modelo avanzado del reactor soviético de agua presurizada, modelo tipo VVER-400. Pero la planta no parecía económicamente viable, y menos a finales de la década de los 80 e inicios de los 90 del siglo pasado. 

En años posteriores a la caída de la Unión Soviética ningún inversor internacional estuvo dispuesto a aportar los fondos necesarios para completar la instalación de la central nuclear cubana. 

En el año 2000, durante la visita presidencial de Vladimir Putin a La Habana, Rusia y Cuba acordaron abandonar el proyecto de la construcción de la planta nuclear en Cienfuegos.

La construcción de la central nuclear de Juraguá comenzó en 1983 como resultado de acuerdos firmados por soviéticos y cubanos en 1976.

Las estimaciones calculaban que la central, en pleno funcionamiento, reduciría en una cuarta parte la dependencia cubana de los combustibles fósiles importados para la producción de energía eléctrica.

En 1995 la Unidad 1 de la Central de Juraguá estaba completada en un 80%. La Unidad 2 estaba concluida en un 50%, aproximadamente. Eran necesarios unos 750 millones de dólares para completar las obras en ambas unidades. El gobierno cubano, en medio de una crisis económica muy profunda, gastaba entre dos y tres millones anuales para la conservación de las estructuras no concluidas.

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En aquellos momentos la Oficina de Contabilidad General de Estados Unidos informaba de graves problemas de seguridad en los reactores cubanos. Se señalaban problemas de seguridad asociados a una construcción deficiente, mal control de la calidad, la ausencia de equipos de seguridad y control occidentales y un programa regulatorio deficiente en Cuba.

La posición de los EE.UU.

En 1993 el presidente estadounidense William Clinton dijo que Estados Unidos se oponía a la construcción de la central nuclear cubana debido a preocupaciones sobre la capacidad de Cuba para garantizar el funcionamiento seguro de la instalación y además porque Cuba hasta ese momento se negaba a firmar el Tratado de no Proliferación, o a ratificar el Tratado de Tlatelolco.

Tras el desastroso accidente nuclear de Chernobyl, representantes de más de medio centenar de países participaron en la elaboración de una Convención sobre Seguridad Nuclear, un tratado multilateral que busca aumentar la seguridad de los reactores nucleares civiles. Cuba no tiene ningún reactor nuclear en funcionamiento, sin embargo es signataria de esta Convención.

Según lo dispuesto en la Ley Helms-Burton —Ley de Libertad y Solidaridad Democrática con Cuba (1996)—, “la finalización y el funcionamiento de cualquier instalación de energía nuclear se considerará un acto de agresión (…) que se responderá con una respuesta adecuada para mantener la seguridad de las fronteras nacionales de Estados Unidos y la salud y la seguridad del pueblo estadounidense”.

La postura del gobierno estadounidense era que no se debía realizar ventas o prestar asistencia al programa nuclear cubano hasta que Cuba no asumiera un compromiso claro de no proliferación legalmente vinculante, incluido el compromiso y aceptar las salvaguardias del Organismo Internacional de Energía Atómica en todas las instalaciones nucleares presentes y futuras.

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