Viceministra de Salud admite fallos con el chikungunya, pero calla las cifras del dengue
Pocas veces se escucha a un alto cargo del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) admitir en televisión que algo salió mal. La doctora Carilda Peña García, viceministra a cargo de la higiene y la epidemiología, lo hizo dos veces en la misma entrevista: reconoció que en la epidemia de chikungunya hubo actuaciones que, en sus propias palabras, «nos salieron mal», y aceptó que el problema del saneamiento alcanza a «prácticamente el país completo». Sin embargo, a lo largo de toda la conversación no ofreció una sola cifra.
Esa combinación, franqueza en el diagnóstico y silencio en los números, define el momento sanitario que vive Cuba. El dengue, el chikungunya, las hepatitis y las diarreas agudas coinciden en el tiempo, y la cuestión ya no es si existe un problema de salud pública, sino qué dimensión tiene.
Una entrevista con tres frentes y ningún dato
La conversación, emitida en la revista matutina Buenos Días de la televisión cubana, se presentó como un repaso general de la situación epidemiológica. La viceministra organizó su exposición en tres bloques: las infecciones respiratorias, las diarreas y hepatitis, y las enfermedades que transmite el mosquito Aedes aegypti, vector del dengue y del chikungunya.
Sobre los virus respiratorios, el mensaje fue tranquilizador. Según Peña, circulan la influenza, los coronavirus habituales y varias subvariantes de ómicron, pero nada apunta a un escenario parecido al de la pandemia. El matiz estuvo en cómo explicó el origen de esa información: los virus identificados son los que se han podido detectar mediante «la vigilancia fundamentalmente de los casos graves».
La frase tiene más alcance del que parece. Si el sistema observa sobre todo a quienes llegan muy enfermos al hospital, quienes pasan la enfermedad en casa quedan en buena medida fuera del radar. Y eso deja abierta una duda razonable sobre cuánto se sabe realmente de lo que circula por las calles.
Dengue: más casos, pero sin números oficiales
La viceministra admitió que el dengue ha aumentado, aunque de inmediato pidió calma. En lugar de cifras, ofreció una advertencia: la población debe mantenerse pendiente de la información oficial y no dejarse llevar por lo que difunden en redes sociales personas que, a su juicio, no tienen todo el conocimiento necesario.
Sí aportó un dato relevante. En Cuba circulan los cuatro tipos del virus del dengue, pero ahora predomina el serotipo 2, que antes no era el principal. El cambio importa porque mucha gente, especialmente joven, nunca ha estado expuesta a ese tipo concreto y carece de protección frente a él.
El problema es que sostener que el aumento no es desmedido exige mostrar los datos, y la viceministra no mostró ninguno: ni casos confirmados, ni hospitalizados, ni pacientes graves, ni fallecidos. Tampoco concretó los territorios más afectados; se limitó a mencionar que hay un grupo de territorios donde predomina la enfermedad y que se le dedicará atención particular.
Las cifras existen, pero fuera del Ministerio. De acuerdo con el Observatorio Global del Dengue, cuyos datos han recogido 14ymedio e Infobae, Cuba acumula en lo que va de año más de 7.000 casos estimados, 7,4 veces lo esperable para esta época. Solo en agosto se habrían registrado unos 3.200, más que en todo el primer semestre. Y octubre suele ser el mes de mayor transmisión, por lo que lo peor probablemente aún no ha llegado.
A esa falta de transparencia se suman otros indicios. Diario de Cuba señala que el país no ha actualizado sus datos de dengue de 2026 ante la Organización Panamericana de la Salud, y según Infobae el Ministerio ha dejado de publicar estadísticas nacionales unificadas. Por eso las cifras independientes son estimaciones y deben leerse como tales. La pregunta, de todos modos, persiste: si el Gobierno tiene datos que desmienten la alarma, ¿por qué no los hace públicos?
No es la primera vez que la isla vive un repunte fuerte de esta enfermedad; en noticiascuba.net ya repasamos las cifras de focos del mosquito causante del dengue registradas en 2021.
Diarreas y hepatitis: un problema que «no había sido» de salud
El pasaje más llamativo de la entrevista llegó al abordar las diarreas agudas y las hepatitis. La viceministra habló de la circulación de muchos microorganismos y los vinculó con el saneamiento, el tratamiento del agua, la recogida de residuos y el tratamiento de las aguas negras. Ninguno de esos factores depende del calor ni de la lluvia: son servicios públicos.
Añadió además que aquello «no había sido un problema de salud» y que ahora una parte de la población se está viendo afectada por esas causas. Es decir, no lo presentó como un pico estacional, sino como algo nuevo.
El reconocimiento contrasta con el discurso oficial de hace apenas unos meses. En mayo, el viceministro Julio Guerra aseguró a la agencia EFE que Cuba no enfrentaba una epidemia de hepatitis A, pese a los brotes reportados en Matanzas, Camagüey y Pinar del Río. En Matanzas, según recogió CiberCuba, se confirmó un brote en el barrio de Versalles, y la prensa independiente documentó que más de 300.000 personas en esa provincia no tenían un suministro de agua estable.
Otros datos ayudan a dimensionar el problema. Según un análisis de Diario de Cuba sobre el agua en la isla, en 2024 solo se trató algo más de la mitad de las aguas residuales del país, y las consultas por diarreas agudas crecieron casi un 30% en un solo año. Si a ello se añaden los apagones, que obligan a las familias a almacenar agua en tanques y cubos, y la basura acumulada en las esquinas, el resultado es un caldo de cultivo ideal tanto para el mosquito como para las bacterias. Quien quiera seguir de cerca los cortes eléctricos puede consultar nuestro calendario de apagones programados en Cuba.
Aun así, Peña no precisó qué tipos de hepatitis circulan, en qué provincias ni cuántas personas han enfermado. De nuevo, diagnóstico sin números.
Chikungunya: el virus que no se fue
La viceministra recordó que hace prácticamente un año el país atravesó una epidemia importante de chikungunya. El virus se detectó por primera vez en julio de 2025 en Perico, en Matanzas, y en pocos meses se extendió por toda la isla. Según Diario de Cuba, a finales de ese año ya se contaban más de 50.000 casos, y el propio Ministerio llegó a reconocer más de 50 muertes por dengue y chikungunya en conjunto, una cifra que organizaciones independientes consideran inferior a la real.
De acuerdo con Peña, el chikungunya no ha dejado de circular y ahora aparece sobre todo en los territorios que se libraron de la oleada anterior. La viceministra aprovechó para desmentir una creencia extendida: que durante aquella epidemia se contagió todo el mundo. «No, no enfermó todo el mundo», zanjó. Pero tampoco en este caso aportó una cifra que permita saber cuánta gente se infectó realmente.
También reconoció las limitaciones que sufren quienes arrastran la fase crónica de la enfermedad, marcada por dolores articulares que pueden prolongarse durante meses. No explicó, sin embargo, cuántas personas necesitan atención continuada ni qué respuesta están recibiendo.
«Ensayamos»: los errores que no se detallan
El momento más revelador llegó cuando la viceministra afirmó que Cuba está mostrando a la Organización Mundial de la Salud y a la Organización Panamericana de la Salud su experiencia frente a la epidemia. En ese mismo razonamiento habló de lo que se «ensayó» y reconoció que hubo cosas que «nos salieron mal», en referencia a la situación que vivió el país en octubre de 2025.
La palabra «ensayamos» merece cautela. No significa que se hicieran experimentos con pacientes, y la entrevista no permite sostener tal cosa. Lo que sí deja claro es que hubo actuaciones que fallaron. Lo que no aclara es cuáles fueron, por qué fallaron, qué consecuencias tuvieron ni cómo se corrigieron. La viceministra se limitó a asegurar que se explicaron a la población en su momento, y el entrevistador no insistió.
Ahí reside la gran contradicción: un país que reconoce errores en su respuesta a una epidemia se presenta al mismo tiempo como modelo para la región, sin rendir cuentas públicamente de esos errores.
Reconocer sin rendir cuentas
La entrevista deja una conclusión incómoda. Las autoridades sanitarias cubanas ya no niegan los problemas: admiten fallos, admiten el deterioro del agua y del saneamiento, admiten que el dengue sube. Pero piden a la población que confíe en la información oficial mientras se reservan precisamente los datos que permitirían comprobarla.
Mientras las cifras sigan llegando desde observatorios internacionales y medios independientes en lugar de desde el propio Ministerio, la tranquilidad que transmiten los responsables de salud seguirá descansando sobre palabras. Y sin números, la calma es difícil de sostener.
