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Yunior Smith, periodista de la televisión cubana, podría pedir asilo en Estados Unidos

El periodista del sistema informativo de la televisión cubana, Yunior Smith, conocido por sus análisis sobre la política y realidad estadounidense en el noticiero estelar, anunció que llegó a la frontera con Estados Unidos, dónde es probable que solicite asilo político.

Según publicó en su propio perfil de Facebook, se cansó “de arar en la arena y decidieron marchar, escapar de tanta mierda putrefacta, de la mentira, de la desesperanza”.

En la imagen que acompaña la publicación se ven los pies calzados con botas de dos personas, los zapatos están embarrados de fango, lo que parece sugerir que realizó parte de la travesía de forma irregular y acompañado por otra persona.

Smith es conocido por sus duras críticas al gobierno estadounidense en el Noticiero Estelar, posición que muchas personas le han criticado y tildado de hipócrita al estar casado con una ciudadana estadounidense con la que recientemente tuvo una hija.

Sin embargo, no es el primer periodista o persona vinculada a los medios en Cuba que, tras dejar la isla, hace declaraciones sobre cómo se oponía al gobierno mientras trabajaba para medios oficiales.

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Anteriormente el locutor Frank Abel, el periodista matancero Raúl Almeida y la periodista y directora de programas informativos Yailin Insua, hicieron declaraciones similares a medios de prensa estadounidenses y colombianos, para justificar su solicitud de asilo político en esos países.

Aunque estos casos han sido los más conocidos, existen otros que no se han hecho públicos y otros nuevos que conoceremos en los próximos días.

Algunos usuarios y colegas han criticado la posición de Smith, quién incluso borró de sus redes sociales toda alusión de apoyo político al gobierno cubano, dejando solo fotos y publicaciones de carácter familiar.

Sin embargo, en las transmisiones en directo de los noticieros y materiales audiovisuales publicados en la página de Facebook del Canal Caribe quedan las evidencias de programas antiguos —y otros más recientes— donde Smith demuestra su apoyo al gobierno cubano y que coinciden con esa etapa en la que, según él, “se fue alejando”.

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El periodista Junior Smith abandona Cuba y se desahoga

A continuación reproducimos íntegramente, el post de Junior Smith, colgado en Facebook:

Mi viaje comenzó como el de otros miles de cubanos que en los últimos meses (…) llorando mares mientras abrazaba a mi familia. Un llanto amargo, desgarrador, por la posibilidades de no verlos nunca más, de morir en el camino; un llanto de esos que provocan dolor en el pecho, que dejan vacío y rompen el alma porque nadie quisiera renunciar a ver a los suyos, a su proyecto de vida, sus amigos, el lugar donde nació. 

Mi viaje empezó allí, con los míos, con lágrimas, dolor y mucho resentimiento hacia el gobierno endemoniado que provoca divisiones de familias, sueños truncados, vidas jodidas para siempre por una política mezquina, cargada de orgullo, de rencor, y la jodida mentira que lo hace todo turbio, oscuro, incierto. 

Pero mi viaje también empezó antes. Mucho antes. Me fui alejando poco a poco mientras estudiaba las realidades de otros países y no encontraba soluciones para el mío. Empezó cuando comencé a notar que “el bloqueo” no es culpable de todas las políticas fallidas que una y otra vez se inician como soluciones redentoras de una economía muerta, que no llegan a ninguna parte, ni es culpable del abuso, el engaño, la burocracia, la corrupción y las muchas malas decisiones a lo interno. 

Comenzó con el profundo desprecio hacia los ministros con cuellos ausentes y barrigas desbordadas que esbozan explicaciones que ni ellos mismos entienden (ni creen), con los inescrupulosos llamados a la resistencia del pueblo, a los votos de confianza de la gente cansada de confiar, porque las consignas y la espera no llena barrigas, ni viste o calza a los niños. 

Comenzó con el asco por aquella bofetada infame del ministro de cultura, por la crisis sanitaria en Matanzas, con el abuso policial asqueroso del 11 de julio, con el llamado de Díaz-Canel a enfrentar cubanos contra cubanos, con palos, como perros. 

Me decepcioné profundamente por las tiendas en MLC, con las mentiras con que adornaron la decisión y las mentiras con la que justificaron toda la mierda que armaron; la profundización de las brechas sociales, el hambre, las colas inmensas, maquilladas otra vez por el “gobierno”, haciendo lo que mejor sabe: buscar culpables, culpar al pueblo, a la gente, los coleros, e imponer multas a diestra y siniestra, porque son expertos en imponer el miedo, su mejor arma para mantenerse en pie tantos años.

No miento, no podría mentir. Ya no. Reconozco que era un convencido y un romántico enamorado del sistema. Así me lo inculcaron por años, y aunque encontraba errores, y criticaba desde siempre, lo hacía con la vista nublada por los conceptos adquiridos desde niño: “todo fuera mejor sin el bloqueo”, “este gobierno busca el bien de todos”, “un mundo mejor es posible”… Iluso. Tanta mierda atragantada en el pecho por años puede llegar a convencer.

También el deseo de ser diferente caló profundo en mí. Casi nadie sabe que tengo un hermano preso político, Kessell Rodríguez. Temprano aprendí que enfrentarse al gobierno significa ir a prisión, recibir golpes, maltratos, torturas; significa tiempo aislado sin que tu familia sepa de ti, huelgas de hambre en defensa de derechos; dolor familiar, preocupaciones, separación. Y al final nada cambia. Yo no quería eso para mi vida ni para mi familia, mi madre… por eso hice todo lo posible por convertirme en un “hombre de bien”. 

Estudié y traté de hacer bien mi trabajo al graduarme. Me esforcé por superarme, en ser de los mejores… Traté de no repetir el patrón, aunque pudiera ser juzgado de cobardía. Lo prefería, quería demostrar que es posible vivir en Cuba dignamente. Pero es imposible, y bien lo sé ahora. Por supuesto que los que conocían mi parentesco con un preso político, la Seguridad del Estado, hicieron solapadamente todo por comprobarme, y las tareas fueron cada vez mayores y más fuertes. Y yo cumplí.

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Hice mi trabajo lo mejor que pude, porque era demostrarles mi valía o perecer, perder mi trabajo o que me apagaran lentamente como al final lo hicieron. Realicé reportajes siguiendo fielmente las continuas líneas de mensajes enviadas desde “arriba”, leí, entoné; fui varias veces a la oficina del jefe a preguntar ¿qué quieres que diga?, cuando no encontraba explicaciones ni formas de defender lo indefendible, cuando yo mismo estaba de acuerdo con lo que me hacían denunciar. Hice mi trabajo. 

Pero otra vez caí en desgracia: me casé con una estadounidense. Intenté, como pude, mantenerme en pie ante las pruebas, pero cada vez tenía menos deseos de callar, de doblar la cabeza. Me vi envuelto muchas veces en una guerra que no me aportaba ningún beneficio, que no inicié ni tenía argumentos para defender.

Todos vieron en pantalla al Yunior Smith que criticaba a otros gobiernos, nadie jamás supo las veces que dije No. Cuando me pidieron justificar los palos a los manifestantes del 11 de julio con la prisión del rapero español y me negué a semejante locura, porque la censura y la persecución está mal en España y también en Cuba. Nadie vio el comentario que me pidieron hacer sobre Yunior García después del 15 de noviembre, porque lo censuraron.

Entonces dije que en Cuba era necesario profundizar las prácticas democráticas, que mientras la economía estuviera en crisis surgirían otros opositores, porque es totalmente legítimo culpar al gobierno y su política de los males económicos de la nación y fue demasiado para los que dirigen ese noticiero. Nadie supo que dije No cuando me pidieron hacer un reportaje sobre la inflación en América Latina, cuando el dólar estaba a casi 100 pesos en Cuba y el «gobierno», cruzado de brazos, dejaba a la gente subsistir en la miseria sin hacer otra cosa que adornar con consignas inertes los discursos decadentes y cada vez menos escuchados.

Ellos no quieren comentarios periodísticos, no quieren opinión, quieren panfletos gastados y manidos, aunque nadie les crea. Y menos mal que no estaba expuesto a temas así de bajos todo el tiempo, porque mis trabajos eran fundamentalmente de temáticas internacionales.

Porque todo el mundo sabe o debería saber que la «prensa oficialista» en Cuba es monigote y marioneta, para sostener en el poder a los que viven del poder. Víctimas en mayoría de un sistema asqueroso que nos usa y ni siquiera nos paga bien. Porque muchos creen que todos tenemos altos salarios, y carros y jabas de comida, y solo unos pocos venden su alma a niveles tales que les otorgues tales beneficios. Ignoran que compramos la mayoría de nuestra ropa y nuestro propio maquillaje, que vamos en guagua a trabajar y que ni almuerzo hay para los que se quedan horas dentro de esa redacción.

Muchos de mis compañeros piensan como yo, son seres humanos dignos y sabes que son usados por ese sistema. Pero prometí no decir sus nombres ni nunca revelar lo que hemos hablado, criticado, reído a escondidas; las veces que nos asqueamos juntos por la peste a sucio, descompuesto y moribundo de lo que estábamos obligados a defender.

Nadie ignore que el miedo es un arma poderosa de las dictaduras. Y muchos tienen miedo de perder lo poco que han conseguido, por ellos, por sus familias, por hacer lo que aman. Porque no hay otra prensa legal, y la que se opone al gobierno son también víctima de escarnio, de persecución y hasta de cárcel. No todos estamos dispuestos. Aunque nunca haya dejado de admirar a los que fueron mis compañeros en la universidad, y mis profesores que han tenido el valor de decir lo que yo no. Los que no han mentido sin escrúpulos de mí u otros, o han usado la vida personal para criticar posturas, y no han arremetido contra todo y todos, creando odios entre cubanos, sino que han sido consecuentes realmente con la realidad en el país. Ellos saben quiénes son. 

(…) Empezó por la decepción provocada por mi jefe cuando dijo en mi cara que él en mi posición (casado con una estadounidense) se hubiese ido del país (y ojalá te partan las patas por hipócrita, doble moral y desvergonzado hasta la médula). O cuando me dijo que era muy inteligente, por una publicación que hice el 14 de julio donde mostré, como pude, mi postura sobre las protestas del 11.

Empezó por la pena que sentí con mis compañeros que me aconsejaron no seguir publicando cosas así, porque no vale la pena buscarse problemas, porque «ese sistema no lo tumba nadie». Mis ideas, o «mi primavera», como le llamaban algunos a mis menguantes deseos de callar, de agachar la cabeza y obedecer, hicieron que fueran apagando poco a poco mi carrera, disfrazados de mil escusas. Una guerra psicológica y de desgaste en la que yo tenía todas las de perder. Ellos son expertos defenestrado gente, así lo dije una vez frente a mi jefe (¿Se acuerdan?), y nunca tuvo valor para encararme por lo que dije, prefirió pedirle a otros que lo hicieran. Nunca me han faltado los coj… para defenderme y los que trabajaron conmigo bien lo saben.

Tal vez por mí mismo me hubiera quedado, asqueado toda la vida, pero ahí. O tal vez, hubiese cambiado de trabajo, como tantas veces pensé. Pero preferí irme. Escapar por mi vida mientras puediera. Porque también ya soy padre. Mi hija tiene doble ciudadanía, y no me perdonaría jamás a mí mismo, que teniendo ella la posibilidad de vivir en libertad, en otro país y con otras condiciones, se vea obligada a crecer en la misma podredumbre en la que yo. No sería un buen padre. No sería un buen hombre.

Pude esperar a terminar el proceso de reunificación familiar, iniciado el año pasado, cuando decidí que mi vida tenía que continuar lejos de ese país al que tanto amo. Pero Cuba está en una situación desesperante, agobiante, que te hace morir cada día un poco, en colas, inventando cómo encontrar papel sanitario, pollo, picadillo, un libra de malanga; recorriendo la Habana entera por un paquete de culeros desechables, sin hallarlo. Me cansé. Preferí partir, como otros muchos miles de cubanos, a lo desconocido, al riesgo, al peligro de muerte… Preferí escapar por mí, por mi hija, por los míos. Me cansé. Y este camino me ha regalado la oportunidad de conocer y compartir con otros que, como yo, se cansaron y juntos hemos vivido y vivimos aún duras experiencias. Para ellos dedicaré otras crónicas. Estoy feliz porque aún con todo no me ha faltado el cariño y el respeto de estos cubanos que partieron, como yo.

Escribo esto sin haber llegado aún a Estados Unidos, y con la posibilidad de la deportación, del regreso y las consecuencias que me traería estar en Cuba después de hablar. Asumo el riesgo. Para que nadie diga que me llené de valor después de cruzar la frontera. Para que no se justifiquen diciendo que por trabajar en Miami hay que hablar de régimen y dictadura, adelanto que hablo aunque no planeo vivir ni trabajar allí.

Haré cualquier cosa, realizaré cualquier trabajo que me ofrezca una vida digna. Una vida donde conseguir papel sanitario no sea una heroicidad. Donde dar de comer a mi hija o comprarle juguetes o dulces con el fruto de mi trabajo, no sea un privilegio de unos pocos y un lujo casi inalcanzable para la mayoría. Creo que no es mucho pedir. Eso sí, usaré mi voz para dar a conocer la verdad desde sus muchos matices, con la mayor objetividad posible. Porque al final para eso estudié. 

Casi todo está dicho. Este soy. Bloquéenme los que quieran, critíquenme los que puedan. Ya nada importa. Soy un migrante. Un desertor. Ahora sí soy un defenestrado. No estoy completo, una parte de mi quedó en Cuba. No soy feliz. No creo que ninguno que emigra lo sea totalmente. Pero soy libre y voy en pos de una vida digna. Eso me basta. Dios bendiga mis pasos en mi camino hacia la libertad» concluyó en su largo post.

Imagen que acompaña el post de Smith, en Facebook

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6 comentarios

  1. Los que te critican aquí, no lo hacen por convicción y muchos de los que hoy te critican allá tuvieron que actuar como tú, para poder sobrevivir. ¿ Cuántos no han negado haber estado en las filas de la UJC y del Partido? Vive tu vida, que Dios te acompañe, y como decimos en buen cubano » cágate en los peces de colores «

  2. Quien lo diría, no? Qué cambio de la noche a la mañana. Pero bueno, nadie es perfecto, como tu dices. Sín embargo, creo que no te queda o no te quedó de otra que hablar toda la mierda que hablaste en ese detallado y casi interminable post. Qué Dios y te ayude con tu conciencia…

  3. Hay quien la conciencia lo traiciona y creo que tus comentarios no son sinceros. Escucha el vídeo de tu tocayo que sigue en Cuba en la caliente. Buena suerte. Y otro con tu historia.

  4. RECUERDA SIEMPRE, QUE ROMA PAGA A LOS TRAIDORES PERO LOS DESPRECIA. NO CREO QUE SEA NEGATIVO ESTAR EN CONTRA DE ALGO EN LO QUE NO CREES, PERO LO QUE SI ES NEGATIVO, ES TRATAR DE HACERSE EL ENGAÑADO Y ENGAÑAR A LOS DEMÁS , SI QUIERES VENDERLE TU ALMA AL DIABLO NO TIENES QUE ACUDIR A TANTAS MENTIRAS , TODOS LOS CUBANOS SABEMOS LA ESENCIA DE EL POR QUÉ LA SITUACIÓN ECONÓMICA DEL PAÍS ES DESFAVORABLE. HOY TE VENDES POR UN POCO DE COMIDA Y NO HAS HECHO MAS QUE SEGUIR LA CONDUCTA DEL GOBIERNO DEL PAÍS PARA DONDE FUISTE , SOLO TIENES QUE SEGUIR COMO EXPERTO QUE ERES LA POLÍTICA SUMISA QUE ESTÁN ASUMIENDO CON RESPECTO A VENEZUELA , ESAS MISMA SERIA CON CUBA PERO DESGRACIADAMENTE NOSOTROS NO TENEMOS PETROLEO. OJO CON TU COLOR DE PIEL, PUES AHORA TE RECIBEN CON ALEGRÍA LOS QUE TE ESTÁN UTILIZANDO Y DESPUÉS DE UN MES TE VAN A MULTIPLICAR POR CERO.

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