La bolita en Cuba: un juego clandestino con raíces culturales profundas

jugar bolita cuba

En el corazón de la vida cotidiana de Cuba se encuentra un juego que, aunque ilegal, forma parte integral de su cultura: la «Bolita».

Este juego de azar clandestino no solo es un pasatiempo popular sino también un reflejo de las tradiciones y el espíritu del pueblo cubano.

Los boliteros: custodios de una tradición

Los protagonistas de este juego, conocidos como boliteros o apuntadores, son los encargados de mantener viva la llama de la Bolita.

Estos individuos, armados con papel y pluma, desafían constantemente el riesgo de ser descubiertos por las autoridades, convirtiéndose en símbolos de resistencia y astucia.

Su papel es crucial en la preservación de este juego, que ha resistido el embate de las leyes y el paso del tiempo.

La bolita: más que un juego, una expresión cultural

La Bolita es un espejo de la psicología colectiva cubana, donde la selección de números se basa en una mezcla de supersticiones, sueños y señales.

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Cada número elegido lleva consigo una historia personal, una esperanza o una creencia, lo que convierte al juego en una rica narrativa de la vida diaria en Cuba.

ilustración sobre el juego de la bolita en cuba

La estructura del juego: una red compleja

El juego se sostiene gracias a una estructura organizada que incluye distintos roles:

  • Apuntadores o Boliteros: Registran las apuestas.
  • Mensajeros: Transportan apuestas y dinero.
  • Colectores: Conectan con el «banco» del juego.
  • El Banco: Es el núcleo del juego, paga a los ganadores.

Esta estructura permite que el juego opere eficientemente, aunque bajo constante amenaza de ser descubierto por la policía.

A pesar de su ilegalidad, la Bolita es una fuente de ingresos significativa para quienes participan en ella.

Los boliteros, en particular, pueden obtener ingresos que superan con creces los de muchos profesionales, reflejando la lucrativa naturaleza de este mercado clandestino.

La estructura de pagos del juego varía, ofreciendo diferentes tasas de retorno basadas en el tipo y el riesgo de la apuesta.

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Hay toda una red que sostiene el negocio. Está el bolitero que anota en un papel los números y apuestas de los jugadores. Luego un mensajero recoge esas anotaciones y el dinero para llevarlo al banco. El banco es la pieza clave, analiza las apuestas, cuenta el dinero y determina los ganadores según los resultados de la lotería de Miami.

El banco se traslada para no ser detectado y es quien más gana, pero debe pagar a los premiados. Los empleados ganan un porcentaje de lo recaudado.

Impacto social y cultural

El juego trasciende las barreras sociales, atrayendo a una amplia gama de personas desde amas de casa hasta altos funcionarios gubernamentales y militares.

Esta diversidad de jugadores sugiere una complicidad no oficial entre los participantes y ciertas autoridades, funcionando como una forma de escape y distracción de las tensiones de la vida diaria.

La Bolita es más que un simple juego de azar; es una ventana a la cultura cubana, revelando aspectos de la identidad y la resiliencia de su gente.

A través de su juego, los cubanos encuentran una forma de expresión y conexión, manteniendo viva una parte esencial de su patrimonio cultural y social.

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