La «locomotora» del turismo en Cuba: ¿por qué se descarriló?
El primer ministro, Manuel Marrero, ha recordado la época en que el turismo era la «locomotora» de la economía cubana, con cifras que superaban los 4.6 millones de visitantes en 2018. Sin embargo, la realidad actual muestra un panorama desolador, con una drástica caída en la llegada de viajeros y metas incumplidas que evidencian una profunda crisis en el sector.
Te mostramos todos los detalles en el siguiente video:
Un desplome en cifras y la comparación con el Caribe
Los números oficiales presentados en la Asamblea Nacional no dejan lugar a dudas. Del pico de 4.6 millones de turistas en 2018, la cifra se desplomó a solo 2.4 millones en 2023. La tendencia a la baja continuó en 2024, registrando aproximadamente 2.2 millones de visitantes, muy por debajo de la optimista meta gubernamental de superar los tres millones.
Este retroceso es aún más alarmante cuando se compara con destinos vecinos. La República Dominicana, por ejemplo, rompió récords al recibir más de 11 millones de visitantes en 2024. La pregunta que surge es evidente: ¿qué factores internos están impidiendo que Cuba compita en la región?
Las justificaciones oficiales: problemas «objetivos y subjetivos»
Durante su intervención, Marrero atribuyó la crisis a dos tipos de problemas. Por un lado, mencionó los «problemas objetivos», un término oficialista para referirse a la escasez generalizada de recursos. Esta falta de abastecimiento afecta desde alimentos y bebidas hasta insumos básicos como toallas o sábanas en la red hotelera.
Por otro lado, señaló los «problemas subjetivos», relacionados con la calidad del servicio y el trato al cliente. El personal de los hoteles, afectado por la misma crisis económica, los bajos salarios y los constantes apagones que sufre el resto de la población, muestra una creciente desmotivación que impacta directamente en la experiencia del turista.
El embargo como escudo ante la ineficiencia interna
Como es habitual en los discursos oficiales, no faltó la alusión al embargo de Estados Unidos como principal culpable de la situación. Marrero afirmó que los «enemigos de la Revolución» se han empeñado en desacreditar el turismo cubano. Si bien el embargo es una política con un impacto real y negativo, usarlo como única justificación resulta insuficiente.
El embargo no impide que turistas europeos, canadienses o de otras nacionalidades visiten la isla. Lo que a menudo disuade a los visitantes de regresar es la mala relación calidad-precio, el deterioro de las instalaciones hoteleras y un servicio deficiente, problemas que no afectan a destinos como Cancún o Punta Cana, hoy abarrotados de viajeros.
Las verdaderas causas: fallos en la producción y la bancarización
Más allá del discurso oficial, las intervenciones de algunos diputados revelaron problemas internos más profundos. Uno de ellos señaló que se ha perdido el «encadenamiento productivo» entre la agricultura y los hoteles. Este sistema, que garantizaba el suministro de productos frescos del campo a los centros turísticos, se ha desmantelado por años de burocracia y políticas restrictivas.
Otro diputado expuso el efecto contraproducente de la política de «bancarización». La obligación de realizar pagos por vía electrónica impide a los campesinos acceder al efectivo necesario para pagar a sus jornaleros. Como resultado, muchos productores prefieren vender sus cosechas en el mercado informal a un particular que pague en efectivo, dejando a los hoteles estatales sin abastecimiento. Se trata de un autogol en la política económica que estrangula al propio sector turístico.
La conclusión de expertos como el economista Pedro Monreal es contundente: la masiva inversión en hoteles de lujo podría convertirse en «el cementerio de la inversión estatal», ya que se construyen infraestructuras que luego no pueden ser llenadas ni mantenidas adecuadamente, en lo que parece ser la crónica de un fracaso anunciado.